Hace cinco años, Alejandra Herrera Lacayo llegó a Grupo Unidos por el Canal (GUPC). Aceptar el trabajo en la ampliación del Canal de Panamá significó en es momento un enorme sacrificio, pues hacía tan solo 15 días había dado a luz a su única hija.

Herrera, quien es licenciada en Finanzas y especialista en Evaluación de Proyectos, es una de las mujeres que se destacó en los trabajos de la ampliación del Canal. Comenzó en el departamento de Movimiento de tierra “llevando el tema de los insumos de producción, así como el manejo de personal de campo y administrativo”, cuenta. “De allí, pasé a obras civiles, fue algo un poco más grande, y luego, me asignaron mi cargo actual como asistente de Ingeniería en el área de producción, donde soy el vínculo que tiene cada uno de los departamentos con su personal de campo, su personal administrativo y Recursos Humanos”.

En total, Herrera conecta a más de 500 empleados en el Complejo de Cocolí en el área del Pacífico, 95 de ellos en el área administrativa y 427 en el campo de producción. Entre sus funciones, está la de llevar el control del tiempo de dicho personal, independientemente del cargo, la nacionalidad y otros factores. Le corresponde llevar el registro de calidad, seguridad, evaluaciones de producción, sobretiempo y todo lo que tenga que ver con sus fichas de seguro social. “El hecho de que más de 200 personas hagan una fila para buscar comprobantes, reportar tiempo y hacer reclamos, es demasiado difícil, pero esta situación se daba porque el proyecto está muy lejos de las oficinas principales. Entonces, se decidió que una sola persona hiciera ese vínculo y de esta forma se ahorraba tiempo y se evitaba que las personas salieran de su sitio de trabajo”, explica la financista.

“Cada una de las áreas tiene su forma de trabajar, por ejemplo, en unas el personal labora tiempo corrido, en otras se queda más tiempo, en algunas tienen tareas, y eso solamente lo sabe su jefe con su personal y es muy difícil que una persona ajena sepa que eso se hace y por qué. Entonces, como tengo contacto directo con los jefes se me hace más fácil entender el ritmo; he aprendido la forma de trabajar de cada uno y así me ha tocado ponerlos en cintura”, indica.

La labor de Herrera hace más llevaderas las relaciones laborales entre los jefes y el personal.
Comenzó en GUPC en el departamento de Movimiento de tierra. Fotografía: Jaime Lucar.

Hacer el trabajo más fácil
La labor de Herrera hace más llevaderas las relaciones laborales entre los jefes y el personal. “He facilitado mucho el trabajo, tanto para los jefes como el personal. He intentado que se entiendan, se comuniquen, hay veces que las personas no se saben explicar”, declara, expresando que a veces le toca ser creativa. “Me ha tocado mediar, porque como jefes cada uno tiene su librito y cada uno quiere trabajar a su manera, pero existen normas y reglas que hay que seguir. También me ha tocado ser flexible y ver que aunque no se puede hacer de esta forma, se puede hacer de otra, siempre siguiendo las normas”.

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Entre hombres
Para Herrera, uno de los retos iniciales de su trabajo fue ser minoría en un mundo de hombres. “Al principio fue bastante difícil porque la mayoría del personal son hombres y, para ellos, no es fácil que una persona les imponga reglas, o les diga cómo son los procedimientos. Pero después se acoplaron a la forma de trabajar y actualmente me llevo muy bien con ellos”.
Durante la huelga realizada por GUPC en agosto de 2015, donde se paralizó por completo la labor del consorcio en la ampliación del Canal, Alejandra Herrera fue la única persona administrativa panameña de campo que debía ir a trabajar, incluso le tocaba hacer café al personal extranjero. “Este proceso fue arduo porque se retiró todo el personal de campo, que eran alrededor de mil personas, luego hubo que pedirles el teléfono para volverlos a contactar y el trabajo fue bastante tedioso. Al final, se pudo recontratar unas 900 personas en tres o cuatro meses, lo cual antes había tomado años en hacerse”, expresa.

Entró a GUPC con solo 15 días de haber dado a luz a su única hija.
Entró a GUPC con solo 15 días de haber dado a luz a su única hija.

Mamá con casco
Como madre soltera, encontrar el balance entre casa y trabajo es un desafío. “Empecé a trabajar a los 15 días de haber tenido a mi bebé; la necesidad y el no poder perder la oportunidad me hizo salir. Para mí fue horrible, me sentía mal al principio, yo era mamá soltera primeriza y no sabía qué hacer, qué equilibrio encontrar entre las citas, las vacunas, el cuidado del bebé y mi trabajo. Pero mis jefes me han dado mucho apoyo y confianza”.
Los tranques, el cuidado del bebé, amamantar y tener que trabajar horarios extendidos, complicaba por momentos la situación. “Yo no podía estar en mi casa a las 5 ó 6 de la tarde, dependiendo la jornada que me tocara trabajar. Con la leche materna fue un trabajo muy grande, pero a pesar de todo le di pecho a mi hija hasta los tres años de edad. En la oficina, me ordeñaba todos los días. Al principio no sabía cómo hacer ni cómo contar que tenía un problema, me daba pena pedir permiso en plena jornada para salir a ordeñarme, a veces me chorreaba la camisa entera; pero tuve tanto apoyo cuando se dieron cuenta de lo que me sucedía, que incluso mi jefe mandó pedir una refrigeradora para meter la leche”.

Herrera asegura que el esfuerzo ha valido la pena. “Siento que es una oportunidad que como mujer profesional no puedo perder”, expone. “Debemos perder el estigma de que las mujeres que tenemos responsabilidades de hijos o somos madres solteras no podemos estar a la altura de los hombres. Debemos demostrar que podemos y que tenemos el mismo grado de responsabilidad y compromiso que ellos”, recalca, añadiendo que obras como la ampliación, “con 90% de trabajadores panameños, demuestran que en el país existe una mano de obra buena, que va a servir para los siguientes proyectos que se tienen en mente y que enaltecerá el nombre de Panamá”.