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Diseño de la marca de calzado española Pretty Ballerinas

Estaba rodeado de mujeres, nada raro para David Bell, pues lo suyo son los zapatos femeninos, y asegura que en los del hombre no desea meterse, no a nivel de diseño. “Caballeros es totalmente distinto, las máquinas, las pieles, no hay nada en común, nada, ni el hilo”. Gira su pie y comienza a describir su zapato, la horma, el cuero, y pasa a describir el zapato de mujer que tiene en la mano, cuya suela es pegada con “cola que se activa con calor y presión”, describe el horneado y la prensa hidráulica.

David Bell, cofundador de la marca Pretty Ballerinas.
David Bell, cofundador de la marca Pretty Ballerinas.

Reconoce que hubo un tiempo en que no sabía nada de zapatos. Este británico, que habla con acento de España y es biólogo de profesión, trabajaba en un laboratorio farmacéutico y cuando este se hizo más corporativo, dejó de gustarle y aceptó irse a una revista; de allí pasó al mercadeo en el comercio del cuero, y a una feria de pieles en Boloña, donde conoció a Úrsula Mascaró. “Me casé con la hija del dueño”, dice sonriendo sobre su llegada a la empresa de los Mascaró, familia que fabrica zapatos en la isla de Menorca, España, desde 1918. Dice que cuando su suegro le ofreció trabajar con ellos le dijo “zapatos de mujer, ¿te engancha?’ Yo pensé que sería imposible y aquí estoy”.
Junto a Úrsula, Bell creó la marca de zapatos Pretty Ballerinas en 2005, su primera tienda en Londres fue un éxito inmediato, y en Madrid, se formaban filas para entrar. “Funcionó increíblemente”, dice.
La identidad de la marca vino de Bell: Rosado como las bailarinas (la fábrica comenzó haciendo zapatillas de ballet), dorado por el lujo, piel de leopardo para tener algo sexy y negro para que el rosado no fuera muy de princesa.

Fórmula ganadora
Bell se involcró en el diseño de las 12 primeras colecciones, y luego, la marca contrató a diseñadores locales, y él se concentra en la expansión y el comercio electrónico. Aún diseña de dos a tres piezas por colección. “A veces solo porque me gusta o porque falta un diseño comercial o por algo que hay que hacer por imagen”. Se encarga también de las colaboraciones como la que hará inspirada en textiles panameños para este noviembre.
Asegura que el éxito radica en la calidad más que en la moda. “La base es un producto muy bueno, hecho por más 98 años, con los mejores materiales, con las mejores hormas… Es la artesanía y el conocimiento”.
Hoy Pretty Ballerinas ofrece paraguas, bolsos, bufandas. Además, ya no solo hacen bailarinas, también tienen zapatillas, sandalias y los zapatos de suela gruesa elevada de moda. “Es un equilibrio delicado para no perder la esencia de la marca”.

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Lo que quieren las mujeres
“Tengo un buen conocimiento de las mujeres. Mi madre tiene mucha personalidad, es muy dominante, y también vivía con mi abuela, una mujer con mucho carácter. Creo que estudié las mujeres desde muy joven”, comenta Bell.
Dice que la mujer busca “buen calce, comodidad y cuida los pequeños detalles, que sea suave, que no moleste el juanete, que los colores sean bonitos. Cuando cruzas la tendencia con la comodidad…”, el producto siempre lo van a querer. “Si no son prácticos y cómodos, viene la tendencia y se van enseguida. Al consumidor final, le cuesta mucho dejar las cosas que son cómodas”.
De la panameña, dice que no le gustan los logos como a otras latinas, y que, como en otros sitios lluviosos, evita la gamuza, aunque tenga tratamiento impermeable.

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Bell dice que las abuelas son quienes compran más diseño de niñas para sus nietas.

“Nunca me deja de sorprender cómo le gustan los zapatos a las mujeres, les llamo lady heroine (heroína de mujer), es un vicio sano”, dice riendo.
Bell divide su tiempo entre Menorca, donde vive y trabaja, y su “refugio” en Londres, a donde escapa solo o con sus tres hijos siempre que puede. Aunque Úrsula y él hoy están divorciados, siguen trabajando y criando juntos a sus hijos. Su novia también está en la industria de los zapatos, y él estima que tiene más de 200 pares en casa.
Reconoce que con la edad, él se ha calmado, ya no bebe, no fuma ni toma 20 tazas de café al día, y ya no se afana por controlar hasta el mínimo detalle en el negocio.
Cuando describe a sus hijos, dos varones de 13 y 15 años, y una niña de 10, dice que su hija, a punta de dedicación, ha logrado tener mejores notas que sus hermanos. Lo que le lleva a concluir que “las mujeres dominan el mundo”, y él vive diseñando lo que ellas llevarán en sus pies.