Doris Nancy Galván se graduó de modista al mismo tiempo que terminaba el colegio secundario. Cuenta que consiguió un trabajo en un banco y cuando salía de trabajar se ponía a coser en su casa para sus compañeras de trabajo y las hijas de las vecinas.

“En ese tiempo estaba embarazada de Nancy y cuando salí de licencia, el banco cerró y me quedé fuera de la planilla del otro banco que iba abrir. Así que no tuve otro remedio que colocar un letrero frente a la casa que decía: ‘Modista, se cose’ y de ese modo inicié con la costura”, cuenta Galván, hoy de 57 años.

Asegura que con el negocio de la costura educó a sus dos hijos y pudo mantener la casa, ya que era madre soltera. Cuando su hija Nancy creció la ayudaba a coser.

Todos los días ayudaba a mi mamá a coser las bastas, pegar botones y cuando acababa, me quedaba acompañándola hasta que terminara y eso eran horas y horas hasta las dos o tres de la madrugaba. Yo hasta que me dormía en la banca del cansancio pero menos dejar a mi mamá sola”, expresa su hija Nancy Edwards, de 30 años.

Nancy Doris trabajan juntas en la tienda de su casa. Actualmente reciben charlas de la Cervecería Nacional para que continúen el proyecto a través de nuevas estrategias. Cortesía
Nancy Doris trabajan juntas en la tienda de su casa. Actualmente reciben charlas de la Cervecería Nacional para que continúen el proyecto implementando nuevas estrategias.

Cambio de planes

En 2006, Galván decide dejar la costura para emprender un nuevo negocio: una tienda.

“Fue una conversación que tuve con mi papá —quien hoy padece de alzheimer y cáncer— hace muchos años atrás sobre una tienda que había tenido cuando vivió en Chagres y eso abrió mi espíritu emprendedor, pues yo me dije ‘si mi padre pudo, yo también puedo’. Sin embargo, habían otros detalles que me impulsaban a abrir una tienda rápido, las tiendas por la barriada eran muy escasas y las que abrían no duraban mucho y cerraban”, explica Galván, sentada en una silla de madera en el portal de su casa.

Comenzó vendiendo helado con gelatina, barquillo, bebidas, hotdog, al tiempo que cosía en casa.

No fue hasta 2008, después de que un vecino cerró su tienda, que Galván abre la Abarrotería La Esperanza en su casa, ubicada en Pilón, en la provincia de Colón.

Nancy reconoce que no estaba de acuerdo con que su mamá abriera una tienda porque sentía que era mucho trabajo para ambas. “Aunque me opuse varias veces, es imposible decirle a mi mamá que ‘no’ y ahí vemos el resultado, abrió su tienda”, dice Nancy sonriente mientras carga a su hijo Ángel de tres años.

Actualmente, tanto madre como hija, trabajan en equipo. “Mientras yo me encargo de atender la tienda, mi hija me apoya en arreglar y comprar la mercancía, hacer los mandados de la casa y cocinar”, afirma Galván.

Ambas tenemos una relación de unidad, aunque a veces tenemos diferencias como toda familia, pero siempre hemos sido ella, mi hermano y yo. Y lo que mi mamá decida emprender ahí estoy apoyándola siempre”, añade Nancy.

Impulso en la crisis

Cuando abrió otra abarrotería en la entrada de su barriada, Galván se desanimó y pensó cerrar la suya porque las ventas habían caído. Pero un día que Nancy estaba atendiendo el negocio sola, llegó una visita que le animó.

“Como la Cervecería Nacional es la que nos vende las sodas, hace dos meses llegó una joven de la compañía y me habló del proyecto ‘4e Camino al Progreso’, donde te llevan a un lugar específico y te brindan charlas de estrategias en ventas, atención al cliente, cómo colocar los víveres para que vendan más rápido, y me interesó la dinámica”, dice Nancy mientras recorre su local.

Aunque su mamá en principio se opuso, Nancy convino en que ella asistiría a las charlas, pero no pudo ir a la primera porque estaba enferma.

“Unos días después llegó a la casa Luchito Williams, quién es cara de la compañía y conocido de nosotras. Le contó a mi mamá de lo que se había hablado en la primera charla y, entonces, mi madre quedó más interesada que yo. Ella siguió asistiendo a todas las demás charlas”, cuenta Nancy.

Luego de las capacitaciones, madre e hija afirman que no van a cerrar la tienda porque se han organizado mejor y han mejorado las ventas a tal punto que volvieron a vender helado y pronto colocarán una heladería y un puesto de hotdog para generar más ingresos.

Nancy, su abuelita y  su madre Doris. Cortesía
Nancy, su abuelita y su madre Doris.

“Mi mamá es una gran mujer, aunque se lo digo poco, la quiero mucho, ella siempre ha sido una persona muy luchadora. Cuando yo estaba pequeña se quedó sin trabajo y buscó la manera de cómo manteneros a mi hermano y a mí honradamente, Nancy Edwards.