El folclor panameño cruzará las fronteras nacionales.

Cuando en noviembre de 2016 la panameña Flor María Muñoz, condesa Gambirasio d’Asseux en Francia, contactó al investigador Eduardo Cano y le preguntó si podría llevar sus conferencias sobre indumentarias típicas a otros países, comenzó la idea de Cano de hacer una gira por Europa y exponer las costumbres locales.

El investigador eligió cuatro polleras (marcada, montuna, sombreada y de coquito), con sus diferentes accesorios y joyeros para representar a Panamá en Bélgica, Grecia, Polonia y Francia.

Cano dictará la conferencia “La cultura folclórica panameña en Europa” en una gira por dichos países, del 14 de junio al 4 de julio. La charla estará dirigida a diplomáticos, estudiantes, panameños e hispanoamericanos en Europa y al público en general. Se espera la asistencia de unas dos mil personas.

“La pollera nos identifica en donde quiera que estemos. Panamá no es solo el Canal, los ‘Panama papers’ y el turismo ecológico y de compras“, subraya el historiador de arte, quien lleva a cabo la investigación Buscando orígenes, para inventariar las indumentarias típicas de Panamá y el año pasado dictó 62 conferencias en todo el país sobre las diferentes manifestaciones folclóricas del istmo.
 Una tarea difícil

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Larish Julio
El investigador Eduardo Alberto Cano Espino realiza en la actualidad un inventario de las indumentarias típicas de Panamá.

Trabajar con el folclor e intentar mostrarlo en otras latitudes no es fácil, advierte el investigador, quien considera que hace falta más ayuda de la empresa privada y de algunas instituciones.

Le ha tomado varios meses y ha tenido que tocar muchas puertas para conseguir apoyo económico para su gira al viejo continente. Hasta el momento ha logrado que la Autoridad de Turismo de Panamá (ATP) le costee los boletos aéreos, y que el Ministerio de Relaciones Exteriores, a través de las embajadas de Bélgica, Grecia, Polonia y Francia, le facilite hospedaje y movilización interna en cada país. La condesa realiza los preparativos para la llegada de Cano y promueve el proyecto de su compatriota.

Aún falta conseguir la alimentación, que oscila alrededor de los mil dólares, según Cano, y el seguro de viajes, que cuesta más de 100 dólares y que es requisito de la Unión Europea para entrar a su territorio.

“De que me voy, me voy, aunque vaya a pasar trabajo y a comer pan con agua. Ya no hay vuelta atrás. Lo importante es llevar nuestras indumentarias a otras lugares y mostrar nuestras tradiciones”, afirma.