Cuando Lesbia Matteo llegó a prisión, hace poco menos de un año, se sentía devastada: la mamá que se paraba todos los días a preparar a sus hijos para la escuela, atender su casa y salir al trabajo fue acusada de extorsión y a los 31 años de edad terminaba privada de libertad.

A pesar de estar rodeada por iluminados patios de frondosos árboles en el Centro Femenino de Rehabilitación (Cefere) ‘Cecilia Orillac de Chiari’, ella sentía que por dentro vivía en total oscuridad. Sin haber sido juzgada, debía buscar la forma de sobrevivir en aquel lugar.

Un día de aquellos, se enteró del programa de rehabilitación ‘Mi voz para tus ojos‘, en el que se capacita a las reclusas para grabar audiolibros dirigidos a personas con discapacidad visual. Decidió aplicar.

A Lesbia, así como a otras aspirantes y diversas mujeres que ya eran parte del programa, se les dio una asignación: En un fin de semana debían leer tres capítulos del libro de autoayuda Lo mejor de ti , del escritor y telepredicador Joel Osteen. Pero ninguna sospechó que la actividad se transformaría en un conflicto. Y de película.

Lesbia Matteo , en uno de los patios del Cefere, comenta que en la cárcel hizo realidad un sueño.

EL DÍA MÁS TRISTE CUANDO SE ESTÁ EN PRISIÓN

Aquella asignación empezó un viernes, el día de la semana más triste para las reclusas del programa ‘Mi voz para tus ojos’. De lunes a viernes, estas mujeres realizan actividades lúdicas con las que aprenden diferentes oficios, asisten a talleres de inteligencia emocional y aprenden a ser locutoras. Pero el viernes, el día que la mayoría de los mortales anhelamos con ansias, las reclusas vuelven a sus pabellones.

A las miembros de este programa de rehabilitación, el fin de semana las deprime y les causa malhumor, porque salen de su mundo creativo para sumergirse en lo que Lesbia define como ‘la realidad de allá abajo’: las celdas con capacidad para 433 privadas de libertad, pero donde viven más de 700.

Antes de la cárcel Lesbia no era una lectora. ‘A mí no me gustaba la lectura, si acaso el horóscopo. Pero me dicen ‘bueno, tienes que leer’, y ¡ay, Dios mío! lo hice porque me tocaba’, recuerda mientras rehace su cabellera verde y azul.

Leer, en adelante, fue la mejor opción. Como su situación legal no estaba aún definida, Lesbia prefería no recibir la visita de sus tres hijas de 9, 11 y 13 años de edad, durante los fines de semana. Hablaba con ellas solo por teléfono.

Una parte del programa le exigía leer en grupo, por eso se puso de acuerdo con sus compañeras nuevas, algunas de las 42 aspirantes a este proyecto. Leían en la celda, en los patios, en los pasillos. ‘Si una se paraba al baño, la otra seguía la lectura. Incluso las compañeras de allá abajo también se contagiaron y querían saber de qué se trataba (el libro)’, expresa.

En lugar de leer los tres capítulos que les encomendó Natividad Jaén, la directora del programa ‘Mi voz para tus ojos’, en 48 horas ellas se leyeron completo el libro de 350 páginas.

Las reclusas del programa ‘Mi voz para tus ojos’, junto a cinco colaboradores del Sistema Penitenciario, bromean en el estudio donde se graban audiolibros. Ellas hicieron un documental sobre una experiencia vivida entre rejas: cómo la lectura de un libro las enfrentó

LA DISPUTA

La vez que conversé con todo el grupo, fue dentro de un salón que tiene las paredes cubiertas de cartones de huevo para aislar el sonido.

El recinto tenía una bocina modificada con foam que hace las veces de micrófono y en el centro hay una gran mesa redonda donde ahora, entre bromas y risas —es lunes, el día más feliz para ellas—, las privadas de libertad cuentan la anécdota del libro que revolucionó el penal durante aquel fin de semana.

‘Uno de los temas por los cuales el libro se volvió ‘viral’ es porque que te enseña que a pesar de los errores y las pruebas, hay que salir adelante. Si te caes, límpiate, levántate, sonríe y confía en Dios’, menciona Alondra López, una interna que lleva los labios pintados de rojo, uñas en azul y gris y tatuajes en el antebrazo.

Desde su escritorio, Natividad Jaén explica cómo la capacidad lectora de este nuevo grupo generó malestar entre las reclusas que tienen más años tras los barrotes. ‘A una de las antiguas, Jaginska, le dio un ataque de celos’, revela Jaén.

Ella y las antiguas reclusas reclamaban por qué se le había dado el libro a las ‘recién llegadas’ si ellas tenían derecho a leerlo primero. Le comentaron el incidente al profesor de guión del Cefere, Oskar Tejedor, y él, al ver que el libro había despertado tanta pasión en el centro, les sugirió realizar un documental, que titularon ‘Viral‘.

La película fue grabada este año dentro del penal por las mismas reclusas, con ayuda de trece cineastas panameños y extranjeros y personal de la Fundación MVO, el Grupo Experimental de Cine Universitario de la Universidad de Panamá, el Ministerio de Comercio e Industrias, el Tribunal Electoral y la Universidad Santa María La Antigua.

Lissette Lawson, una interna de cabello morado y zapatillas con tacones, piensa que aquel conflicto es la parte más atractiva de la cinta. ‘Cuando lo vean afuera, jamás van a pensar que un libro ocasione tanto caos en una cárcel. Las personas reflexionarán ‘¿a qué se están dedicando estas muchachas que quieren leer 350 páginas en un fin de semana?”, dice.

Las reclusas siempre están maquilladas para ‘poner otra cara y subirse el ánimo’.

UN PROGRAMA DE REINSERCIÓN

Viral‘, junto al documental ‘Reciclarse‘, sobre los objetos que adquieren gran valor estando en prisión, son dos cortos de quince minutos que surgieron a partir de un diplomado de cine dictado dentro del programa ‘Mi voz para tus ojos’. Concursarán en festivales como el de Cine Pobre Panalandia y el Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos de Panamá.

Las reclusas aprendieron todo el proceso de creación de documentales, desde guión, fotografía y cámaras hasta edición.

‘Las 65 egresadas del programa ‘Mi voz para tus ojos’ han logrado insertarse en el ámbito laboral y no han reincidido en el mundo del sistema penitenciario. Eso es un gran logro a nivel de tratamiento y rehabilitación, porque demuestra que hemos hecho un buen trabajo para que las mujeres puedan reintegrarse en la vida social’, expresa Jaén, aclarando que tres egresadas trabajan en radio y siete han ingresado a la universidad, de las cuales dos se han licenciado y una de ellas está becada en Estados Unidos estudiando sociología.

Jaginska, Lissette, Maryan, Virna, Maribel, Karina, Daysi, Lesbia, Isabel, Yetzaida, Katia, Maritzel, Jessica y Alondra son los nombres de catorce historias distintas, pero con un mismo fin: salir adelante y cambiar sus vidas con la esperanza de que la sociedad les dé otra oportunidad.

Para Lesbia, quien fue editora de ‘Reciclarse‘ y actriz en ambos documentales, tomar el diplomado fue haber cumplido un sueño dentro de la prisión. Ella siempre quiso estudiar comunicación social, pero declinó la idea hace trece años, al quedar embarazada de su primera hija. ‘Cuando me enteré del diplomado, me puse a llorar porque era lo que menos me imaginaba’, rememora.

‘La mascota del grupo’, como se autodenomina la interna del Cefere, cree que estos programas envían un mensaje a la sociedad: ‘No todo lo que está aquí adentro es malo. Sí hay personas que están aquí por una condición, pero logran superar eso y reinvindicarse. No hay que juzgar ni quitarle a las personas la oportunidad de poder integrarse nuevamente a la sociedad’, dice ahora con seriedad en el rostro.

Al llegar la hora del almuerzo, las chicas se retiran del estudio donde han grabado tres audiolibros en lo que va del año. Es hora de partir. En el pasillo reaparece Lesbia bromeando con algunas de sus ‘hermanas’.

Antes de salir del penal, me acerqué a ella para despedirme. ‘Aquí he aprendido a valorar cosas tan simples como la luna, porque no la tengo. Así que cuando esta noche la veas, te acuerdas de mí’, pidió, y desapareció en el patio de la prisión.