A pesar de que el feminismo es una ideología que ha logrado grandes transformaciones sociales, aún hay quienes la rechazan e incluso crean paradigmas alrededor de la misma. La lucha de las mujeres sigue en pie por liberarse del patriarcado y lograr la igualdad social.

Hace poco más de 200 años el solo hecho de votar, expresar una libre opinión, trabajar, estudiar o ser tratadas como ‘personas libres’ era una utopía para las mujeres en una sociedad tradicionalmente patriarcal. Hoy, hacer todo eso, y mucho más, es posible debido al feminismo, un movimiento que en esencia busca la igualdad social de las féminas, y en general, de todas las personas.

“El feminismo es la revolución más larga. A veces muchas mujeres creen que lo que tienen lo han logrado solas. Y la verdad es que siempre le debemos a los ancestros y ancestras los beneficios sociales que tenemos hoy. Los de las mujeres han sido particularmente más difíciles. El hecho de que hoy tengamos leyes que intentan erradicar la violencia contra las mujeres es uno de los grandes logros de la lucha feminista”, explica la filósofa Urania Ungo.

No obstante los aportes del movimiento a la sociedad (que según Ungo se simbolizan en las consecuencias que tuvo la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing en 1995), hay sectores que lo rechazan, creando estereotipos alrededor de las mujeres que están encaminadas hacia la causa de la igualdad de géneros. Esto hace un poco más complicada la lucha, ya que existen féminas que prefieren alejarse de las etiquetas, aunque reconozcan que aún hay brechas por subsanar cuando se trata de colocar a la mujer en el lugar que merece dentro de todas las instituciones humanas (educación, trabajo, hogar, política, sociedad, etc).

“El feminismo es tanto una ideología política, como una práctica de vida, un movimiento social y una forma de ver y estar en el mundo de un modo critico, apegado a la transformacion de la sociedad”, señala la filósofa Ungo, aclarando que aunque existen diversos movimientos feministas, todos comparten una base común “que es lograr que la diferencia femenina no se convierta en una desigualdad social. Una cosa es la diferencia biológica física entre hombres y mujeres, y otra es que eso se instituya como una desigualdad social”, señala.

Y es precisamente en este punto donde aparece un concepto importante para las feministas: la equidad. La feminista activista de Fundagénero, la abogada Haydée Méndez Illueca, manifiesta que “la igualdad es darle a todos por igual; mientras que la equidad es tratar diferente a los diferentes e igual a los iguales, para que se obtenga el mismo resultado”.

Méndez, quien desde Fundagénero se dedica a promover y redactar leyes a favor de la mujer, dar opiniones, escribir y capacitar en temas de feminismo, asegura que “aún en pleno siglo XXI en Panamá hay mucho neosexismo. El discurso de algunos hombres y mujeres ahora es decir que ya la mujer ha alcanzado la igualdad y que qué más queremos, si hemos tenido hasta una presidenta mujer. ¡Qué equivocados están! En papel hay igualdad, pero en la realidad no hay equidad. A veces me parece que vivimos mentalmente en la edad media. La brecha salarial todavía no la superamos: la mujer gana casi 30% menos que el hombre haciendo el mismo trabajo, a pesar de que, en promedio, tiene dos años más de estudio que el hombre”, afirma.

Los estereotipos

La esencia del feminismo no es atacar a los hombres, sino más bien convivir con ellos en igualdad. Sin embargo, dado que el feminismo es un movimiento que busca una revolución social, siempre hay quienes están en contra de sus principios, fomentando incluso estereotipos alrededor del mismo,como por ejemplo que el hombre es un enemigo, que las feministas odian a los hombres, que se creen superiores, que copian lo malo y que propagaron el libertinaje, entre otros.

Para Judith Corro, una de las fundadoras del zine (publicación independiente) feminista La Ex Srta., “lo anterior es fácil de entender debido a la lucha del derecho por ser libremente quién quieras ser vs. la sociedad patriarcal que te impone quién debes ser. La realidad de todos y cada uno de los movimientos sociales (ya sean de raza, etnia, orientación sexual, género, etc.) es que al momento en que levantas la mano para señalar tu desventaja, esto va a frotar de mala forma con aquellos en privilegio. No debería, ya que el feminismo no busca atacar al hombre, sino que busca señalar a personas abusivas, y resaltar nuestra necesidad por ser tratadas como seres humanos”, menciona.

Subraya que “a la vez que el feminismo crece, también se está haciendo bastante presente el antagonismo hacia él y surgen los estereotipos: que somos gruñonas, que nos estamos quejando por nada, que no es la gran cosa, que odiamos a los hombres, que nadie se va a casar con nosotras”.

Corro enfatiza que el feminismo no es lo opuesto al machismo. “Es entendible que pueda haber una confusión al respecto, pero éstas palabras no son antónimos. El machismo es una actitud que proclama la superioridad del hombre por encima de la mujer, pero el feminismo es un movimiento social que busca la igualdad de géneros”.

“El feminismo no es un camino de rosas. Te acusan de muchas cosas, como que odias a los hombres, que eres lesbiana o una mala mujer…Quienes colocan estos estereotipos son ignorantes. La gente cree que puede opinar sobre el mundo sin informarse. Hay numerosos hechos documentados que demuestran que el feminismo ha hecho muchas cosas, no solamente para las mujeres, sino para la sociedad. Por lo general la gente que juzga el feminismo son fundamentalistas, conservadores, que piensan que las instituciones sociales se establecen de una vez y para siempre. Evidentemente la historia humana evoluciona y ninguna institución humana permanece igual para siempre”, menciona sobre este aspecto la filósofa Ungo.

Ungo destaca que “hay mujeres que dicen lo que piensan, luchan por cosas que creen, intentan un mecanismo nacional que haga cosas por las más débiles, las más oprimidas. El problema no está en que haya mujeres que no se quieran definir como feministas, sino en quienes pretenden hacer del feminismo una caricatura”.

La evolución

Urania Ungo subraya que el feminismo ha tenido una evolución importante desde que se originó en los países centrales – atlánticos europeos y Estados Unidos hacia los demás países. “En cada lugar ha tenido un desarrollo diverso: en unos el aspecto cultural se vuelve fundamental, en otros el asunto económico, producto de las condiciones, la historia y la cultura de cada país. Lo más relevante en los últimos años es la existencia del feminismo en comunidades originarias, el llamado feminismo indígena, donde hay mujeres que escriben lo que entienden como un feminismo y ven en el concepto una reivindicación a su ser indígena, a su pertenencia a las comunidades, lo cual no existía hace 40 años. Lo interesante es que quienes luchan entienden que hay un legado histórico, biológico, una memoria. Todas somos beneficiarias y debemos dejar logros para las futuras generaciones”, dice.

Por su parte Judith Corro subraya que “en la actualidad estamos en un momento bastante crucial en cuanto al movimiento. Durante los últimos años el feminismo ha sido visible más que nada en los ámbitos académicos, en la investigación, en pequeños grupos activistas y en el enunciado de los cambios sociales, pero más escasamente en la opinión pública. Sin embargo, poco a poco ha ido tomando tracción y últimamente ha ganado incluso un tanto de popularidad a nivel mundial. La Organización de las Naciones Unidas, por ejemplo, ha llevado a cabo campañas bastante agresivas para resaltar la importancia de alcanzar la igualdad de género. Con la adopción de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible hicieron especial énfasis en cómo este tema en particular estaba enlazado con otros elementos clave para alcanzar la sostenibilidad humana”.

Corro insiste que el feminismo cada vez es meno invisible en los medios. “Ahora podemos ver mujeres fuertes e independientes en algunas películas de Disney y en programas de televisión para adultos. Podemos ver un comercial entre varios que nos motiva a ser fuertes y tomar riesgos. Podemos encender la computadora y ver a mujeres imperfectas, desaliñadas, gordas, flacas, musculosas, frágiles, y completamente reales. Películas con personajes capaces de crear una conexión real con nosotras, capaces de vender su producto a hombres y mujeres”, recalca.

Cero etiquetas

EFE/ANDREW GOMBERT
La actriz Emma Watson es embajadora de ONU Mujeres y activista a favor de los derechos de las féminas.

Mientras mujeres como Emma Watson aceptan a viva voz estar encaminadas hacia la causa feminista, otras mujeres como la actriz Kristen Stewart, prefieren no ser relacionadas con el movimiento, a pesar de que siempre se ha caracterizado por querer demostrar la importancia de reivindicar la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Stewart rechazó el año pasado sumarse a la lucha por la igualdad en Hollywood, advirtiendo que “Como en muchos negocios antiguos, (en el cine) hay mucha estrechez de miras…Para mí es difícil hablar del tema porque es incómodo”, dijo a la revista Variety cuando le preguntaron si creía que, como dicen sus compañeras, existen menos papeles para las actrices y hay menos directoras.

El panorama no es muy diferente en Panamá, donde mujeres reconocidas e influyentes, como Mercedes ‘Baty’ Eleta, a pesar de manejar un discurso de igualdad de géneros y empoderamiento de la mujer, prefiere no quiere ser “etiquetada”.

“Realmente lo que uno tiene que entender es el fondo, el objetivo por el cual uno lucha y se compromete a hacer cosas. En vez de hablar de feminismo, que se puede malentender, hablemos de equidad de genero. Se trata de que las mujeres, que somos el 50% de la población mundial, debemos tener las mismas oportunidades que el otro 50% de la población, que son hombres”, aclara Eleta, subrayando que “bajo la premisa de que el machismo es horrible, si el feminismo es el término alterno, entonces también es malo”.

“No se trata de sustituir a los hombres ni de amargarlos, sino de trabajar de manera conjunta pensar cómo ambos géneros en igualdad de condiciones podemos hacer un mundo mejor. Por estar a favor de las mujeres no estoy en contra de los hombres; más bien me sumo a ellos a favor de una sociedad más justa y equitativa”, aclara.

Eleta es consciente de que es hay desigualdad en la sociedad. “Personalmente trabajo por y para las mujeres, pero aún hay mucho que hacer en tema de desigualdad. Por ejemplo, está comprobado que en las universidades hay más mujeres inscritan que hombres, y además las mujeres sacamos mejores notas, sin embargo al llegar al mundo laboral vamos perdiendo gran número de mujeres, porque en realidad tienen más compromisos y, en lugar de uno, tienen dos empleos (el trabajo y el hogar).

Para Eleta es necesario un cambio social donde haya más políticas públicas a favor de la mujer, especialmente en el área económica, ya que las mujeres son un grupo discriminado. “Hoy día los objetivos del milenio, que han sido sustituidos por los objetivos sostenibles de las Naciones Unidas, hablan de un tema importante en relación a las mujeres, y es la autonomía económica y la erradicación de la pobreza. Se dice que la pobreza tiene cara de mujer porque las mujeres no tienen la misma oportunidad de educarse, de generar ingresos, de una inserción laboral. La autonomía económica es la plataforma para generar el empoderamiento de la mujer, hacer valer sus derechos y dignificarlas como ser humano, para así poder aspirar a una mejor calidad de vida”, aclara.

Desde el capítulo local de la Asociación de Mujeres Directoras Corporativas o Globlal Women Corporate Directors (WCD) , donde funge como presidenta, Baty Eleta busca sensibilizar y concienciar a la población de que las mujeres tienen mucho que aportar dentro de las juntas directivas de las empresas. “Perseguimos que se abran más espacios en las juntas directivas, que son las entidades rectoras de la empresa, para que se tome en cuenta la visión que las mujeres aportamos al negocio y que le agregan valor tangible”, culmina.

Una lucha, dos perspectivas

Archivo
Las feministas Joyce Araújo (izq.) y Juana Camargo (der.) resaltan que feminismo no es luchas contra el hombre.

Juana Camargo, quien pertenece al Espacio de Encuentro de Mujeres (movimiento que promueve los derechos humanos de las mujeres en Panamá) conoció el feminismo a fines de los años setenta durante su último año de la escuela secundaria. “Desde esos años me he considerado una mujer liberada, contraria a toda atadura que pueda impedirme decidir por lo que quiero. La libertad me resulta algo fundamental y el feminismo fue la teoría y la propuesta política para hacerla efectiva”, manifiesta.

Camargo es socióloga de profesión, y su preocupación por la lucha a favor de las mujeres ha estado enmarcada hacia la parte socio económica. Ha realizado trabajos de investigación y consultorías especiales para ONU Mujeres y el FAO, entre otros organismos.

Aunque en ocasiones Camargo se siente señalada porque “hay personas no tolerantes, principalmente, quienes consideran que el cuerpo de las mujeres debe ser controlado por el Estado y el marido”, a ella le impulsa “el poder ser sujeta con plenos derechos y participar activamente en el establecimiento de una democracia que incluya en igualdad y equidad a todas las mujeres”.

“A quienes luchamos por los derechos de las mujeres nos duele que hayan índices tan elevados de mujeres sobrevivientes de violencia machista; que hayan feminicidios, que las mujeres pobres vivan en constantes riesgos, que a las niñas, adolescentes y jóvenes las violen y no haya medidas enérgicas que lo impidan”, subraya la socióloga, agregando además que dentro del Espacio de Encuentro de Mujeres, luchan por que que se reglamente la Ley 82 contra la violencia y, en especial, que se formulen planes participativos para acabar con las desigualdades de género, y que se ejecuten.

Joyce Araujo es otra feminista cuya lucha va encaminada hacia el ámbito judicial. Desde 2003 le ocupan temas como los derechos humanos de las mujeres y la violencia doméstica y de género. El motivo de lucha de la abogada y consultora de la ONU es “comprender el triste panorama de discriminación y violencia en contra de las mujeres, solo por el hecho de serlo” y siente que desde su causa puede aportar algo. “No solo para mí, sino para mi familia y la sociedad. Cada vez que imparto mis talleres de género son muchas las mujeres, e inclusive hombres, que se identifican con la causa feminista. He podido ayudar a comprender y a empoderarse a muchas mujeres, así como apoyarlas en sus tomas de decisiones cuando han pensado que ya todo está perdido para ellas”, enfatiza.

Araujo, que también ha formando a funcionarios y funcionarias sobre derechos humanos de las mujeres y le ha dado seguimiento al cumplimiento y mejora de las políticas públicas a favor de las mujeres, expresa que las mujeres feministas pueden mezclar su ideología con el rol de madre y esposa. “Una cosa no interfiere con la otra. Somos mujeres, somos madres, somos esposas, pero también somos ciudadanas con deberes y responsabilidades. Es importante que en nuestras familias reine el amor, el respeto, la solidaridad y la responsabilidad compartida en la dinámica familiar”, puntualiza.

Cualquier persona, sin distinción, puede ser feminista, ya sea desde el hogar o como activista. “El único requisito para llamarse feminista es querer luchar, de una forma u otra, a favor de los derechos humanos de las mujeres (y en muchos casos, del resto de la población). Puede ser hombre o mujer, de cualquier profesión, con o sin educación; pero debe ser tolerante, combatir la injusticia y defender la igualdad y la equidad”, culmina Haydée Méndez.