Su última novela Contigo a la distancia ganó el premio Alfaguara 2015. Con esta obra bajo el brazo, la bióloga y diseñadora convertida en novelista llega a la Feria Internacional del Libro de Panamá este año.

La escritora chilena Carla Guelfenbein es una de los 43 invitados internacionales a la fiesta del libro panameña, que se inaugura mañana martes 16 de agosto. Su visita no abarca solamente la presentación de su libro, lo que ocurrirá el sábado 20 de agosto a las 4 p.m., sino que también tendrá un conservatorio para jóvenes el viernes 19 de agosto a las 10:30 a.m. Después de todo, los jóvenes suelen tener papeles protagónicos en las novelas de Guelfenbien.

Antes de llegar a las letras como oficio a tiempo completo, Guelfenbein estudió Biología en la Universidad de Essex y Diseño en St. Martin’s School of Art, ambos en Gran Bretaña. Luego de años en el mundo de la publicidad y las revistas (fue directora de arte de Elle), se queda en lo que le gustó siempre, escribir, y desde allí ha tenido una fructífera carrera en las letras con obras como El revés del alma, La mujer de mi vida  y Nadar desnudas.

En Panamá, tendrás un conservatorio con jóvenes, ellos suelen ser personajes en tus  novelas. 

La juventud representa ese tiempo cuando todo es posible. Un tiempo en que el pasado no pesa aún en las espaldas, ni el futuro está trazado por dolores, expectativas ni imposiciones externas. Es el momento en que los seres humanos podemos mirar hacia adelante, e imaginar. Es un tiempo lleno de ‘primeras veces’. En la juventud, todo representa una iniciación a la vida, y lo que más tarde nos parecerá banal, como las estaciones o un beso, representa un acontecimiento.

Escritora Feria Internacional del Libro de PanamáIleana Pérez Burgos | Revista MIA

¿Qué deberíamos los adultos mantener de la juventud y qué deberíamos aportarle a los más jóvenes?

En la juventud somos poseedores de una lucidez y una curiosidad gigantesca, que el tiempo después se encarga de matar. Yo hablo de esa lucidez en mis libros, hablo de esa curiosidad, de ese afán de llegar hasta el fondo de las cosas, cueste lo que cueste. Pienso que como adultos, no nos haría mal recordar esa fuerza que alguna vez tuvimos, esa certeza de que todo es posible. Recordarla, nos ayuda a entender mejor a los jóvenes que nos rodean, su arrogancia que a veces nos golpea. Recordarla es también una forma de mantenerla viva en nosotros mismos. Una forma de darle alas a nuestro propio futuro de adultos.

¿Cómo atraerías a un joven hacia la literatura y el arte de escribir?

El incentivo de la lectura es un tema fundamental. En Chile, los índices de lectura son muy bajos. Es un problema que debe enfrentarse por todos los flancos. Políticas de gobierno, colegios, familia. Pero ojo, el incentivo de la lectura no es tan solo una decisión que viene de arriba. Es una labor que puede hacer cada uno de nosotros, en nuestro lugar de trabajo, en nuestra comunidad, en nuestra familia. Por ejemplo, leer un libro junto a nuestros hijos es incentivar la lectura, recomendarle a alguien un buen libro es incentivar la lectura, y así, hay un sinfín de actitudes, que además de las necesarias políticas de nuestros gobiernos, pueden hacer de nuestros países, naciones más lectoras.

¿En qué estás trabajando ahora?

 Estoy escribiendo la historia de cuatro jóvenes que se encuentran en un hospital psiquiátrico. Siempre me ha interesado ese límite que establece el mundo entre la cordura y la locura, entre el comportamiento ‘normal’ y el ‘anormal’ y de cómo, con estas normas, del todo arbitrarias, se mueren grandes sueños, grandes aspiraciones, que hubiesen podido cambiar el mundo.

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Cada uno de ellos tiene una historia que lo ha llevado hasta allí. Son cuatro chicos románticos, llenos de sueños, y poseedores de una sensibilidad única particular, pero que al mismo tiempo les dificulta su relación con el mundo.

¿Qué cambios has pillado en tu literatura al terminar tu última novela?

Contigo en la distancia es de alguna forma una continuidad con respecto a mis anteriores novelas. Aquí, como en las otras, mis preocupaciones giran en torno a las relaciones humanas, a aquello que no se ve. Aquello que queda en el silencio, ya sea por temor, por ignorancia, o por la distancia emocional que muchas veces se instaura entre los seres que se quieren. En la prosa, busco expresar ideas y sentimientos profundos y complejos, de forma transparente. La transparencia en el lenguaje es algo que me atrae mucho, por eso, los escritores japoneses han sido siempre un referente en mi escritura. Ese es el camino que intento recorrer, y supongo que en cada novela avanzo algunos pasitos en esa dirección.

¿Qué consideras que aportan los premios a los autores? 

Ganar un premio como el Alfaguara hace que muchos lectores tengan acceso a tu literatura. Y es esta la dimensión que más me interesa. Yo escribo porque el lugar donde quiero estar es frente a mi computadora, con mis personajes, con sus vicisitudes, con sus historias. Pero llega un momento en que, cuando has terminado, quieres comunicarte con otro, con tus lectores. Y el premio es una gigantesca oportunidad para ampliar y profundizar esa comunicación. Mi rutina durante el año pasado cambió radicalmente, porque el premio contempla una gira por todo Latinoamérica. Fue una experiencia increíblemente estimulante y bella. También ha sido bueno volver a casa y reanudar mi rutina de escritura.

Me han preguntado si el premio divide mi “carrera” en dos y yo soy categórica en decir que ‘no’. De partida no hago carreras, porque en las carreras hay que correr, y yo no corro. Excepto cuando salgo a trotar. Yo camino pausadamente hacia todos los lugares y hacia ninguno. Hacia donde mis personajes y mis pasiones me lleven.

Has mirado al pasado en tus últimas novelas, ¿cómo logras transportarte a épocas pasadas durante tu proceso creativo?

La escritura consiste exactamente en eso. En poder transportarte al instante que quieres narrar. Todos los tiempos de una narración están en la imaginación, y la forma de acceder a ellos es lo que constituye el mundo de un escritor. Ahora, cuando quieres reproducir una época en particular, vas buscando anclas reales, de la Historia con H mayúscula. Estas anclas le van dando una dimensión histórica, de época. Pero lo que de verdad le da un sentido de realidad a la escritura, es el ejercicio de la imaginación.

En alguna medida tocas el tema del desarraigo, el sentir que no se pertenece o se está fuera de lugar. ¿Es parte de tu experiencia personal? 

El exilio es un sentimiento gravitante en toda mi obra. Un exilio que comienza con mis abuelos, cuando tienen que huir de Ucrania, y luego el de mis padres cuando tienen que huir de Pinochet. Hay en muchos de mis personajes un sentimiento de desarraigo, de no pertenencia. Por otro lado, es justamente esa huella la que me permite escribir desde cualquier sitio, desde dentro y desde fuera de los territorios, y conectarme con un sentimiento que llevamos todos, estemos dentro o estemos fuera, y que es la indefectible soledad del ser.