Del grano a la taza

Al tomar una taza de café colombiano, el mejor café suave del mundo, según la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia, uno no se imagina el laborioso proceso que hay detrás: desde la siembra del grano hasta la cosecha de la cereza está regido por los más altos índices de calidad, que son referencia para los procesos relacionados al cultivo del grano, a nivel mundial.

Según el coordinador seccional de la Federación Nacional de Cafeteros en el Municipio de Belén de Umbría, Juan Carlos Arenas, la calidad excepcional del café colombiano se debe a los altos estándares de calidad, las condiciones del clima (altitud), a la logística del proceso, a la calidad de los suelos y a la pasión de los caficultores.Karen Bernal | Revista MIA
Según el coordinador seccional de la Federación Nacional de Cafeteros en el Municipio de Belén de Umbría, Juan Carlos Arenas, la calidad excepcional del café colombiano se debe a los altos estándares de calidad, las condiciones del clima (altitud), la logística del proceso, la calidad de los suelos y  la pasión de los caficultores colombianos.

Pero no solo se trata de un simple proceso de siembra y cosecha. Cada taza de café es sinónimo de progreso y desarrollo y materializa toda una cultura que se teje alrededor del grano, la cual se puede percibir en los rostros orgullosos de los caficultores del país sudamericano, quienes además de su sustento, encuentran un estilo de vida y una tradición en el café.  “El arraigo, la querencia, la idiosincracia y el sentir de nuestros caficultores es algo único”, dice el ingeniero Luis Miguel Ramírez, quien representa a 2250 caficultores del municipio de Belén de Umbría (el 5° productor más grande del país y el 3° más tecnificado).

Las fincas con balcones coloridos son representativas del Paisaje Cultural Cafetero.Karen Bernal | Revista MIA
Las fincas con balcones coloridos son representativas del Paisaje Cultural Cafetero. Finca Villa Tula, en Belén de Umbría.

A partir del cultivo del café y de su comercialización, se han forjado tradiciones y manifestaciones artísticas que son orgullo regional y nacional. “Nuestra arquitectura típica muy colorida, nuestras fiestas y ferias de los municipios, así como nuestra gastronomía local y artesanías, son características propias que identifican nuestro paisaje cafetero”, afirma Ramírez.

El proceso histórico de cultivo, así como el manejo y consumo del café ha generado un capital social reconocido en el mundo entero. No es casualidad que la UNESCO reconoció como Patrimonio Mundial en 2011 al Paisaje Cultural Cafetero de Colombia, debido a su producción de un café de calidad, gracias al esfuerzo familiar de varias generaciones, además de la cultura cafetera, la construcción de un capital social estratégico y la conservación y equilibrio entre tradición y tecnología para garantizar la calidad y sostenibilidad de los cultivos.

El paisaje de la zona cafetera está conformado por depresiones y vegetación.Karen Bernal | Revista MIA
El paisaje de la zona cafetera está conformado por depresiones y vegetación.

El Paisaje está conformado en su zona principal por 47 municipios y 411 veredas, y en su área de amortiguamiento, por 4 municipios y 447 veredas de los departamentos de Caldas, Quindío, Risaralda y valle del Cauca, ubicados en las ramificaciones Central y Occidental de la cordillera de los Andes.

Junto a la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia, la ONG más grande del mundo que representa a más de 560 mil familias dedicadas a la producción cafetera, visitamos el departamento de Risaralda, ubicado en la zona cafetera central de Colombia, en el conocido “triángulo de oro”, el cual se caracteriza por ser una región diversa en paisajes, unidades de suelo y asociatividad alrededor de los cafés de alta calidad.

En el departamento, 10 de los 14 municipios hacen parte de la declaratoria de la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, donde uno de los valores excepcionales es el esfuerzo humano familiar, que ha pasado de generación en generación, para producir un café de excelente calidad.

Una de las fortalezas más grandes del departamento es la diversidad de perfiles en una región tan concentrada, pero con una ubicación estratégica que permite atender con facilidad a los clientes interesados en cafés especiales.

Ángel Soto es administrador de una pequeña finca de tres hectáreas de cultivo de café en Santa Rosa de Cabal, en Pereira.Karen Bernal | Revista MIA
Ángel Soto es administrador de La Cabaña, una pequeña finca de tres hectáreas de cultivo de café en Santa Rosa de Cabal, en Pereira.

“Aquí en Risaralda no cultivamos solo café, sino también trabajo y paz… Aquí no vendemos el fruto de nuestros árboles, sino que vendemos el fruto de nuestros sueños”, dice el representante al comité directivo y nacional de Federacafé por Risaralda, Alejandro Corrales Escobar, explicando que la Federación tiene el compromiso de garantizar la compra del café a los caficultores colombianos, por lo cual “es rentable” estar en ese negocio.

Y es que, según comenta Corrales, parte del compromiso del caficultor colombiano es que precisamente su trabajo es bien remunerado. En época de cosecha, como la que vivimos ahora, un recolector eficiente puede ganar hasta dos mil dólares al mes…Acá se vive bien”.