Rodeada por el lago Bayano y el río Ipetí, la comunidad del mismo nombre, en la comarca Madungandí, se encuentra a unas dos horas de la ciudad de Panamá. Los niños con escasas o ninguna ropa se asomaban en las puertas para ver llegar a los forasteros.

Ese día se celebraba el Primer Encuentro Binacional de Líderes Mujeres Artesanas Kunas y Autoridades locales, que reunió durante tres días a más de 150 mujeres gunas de las comarcas Guna Yala, Madungandí, Wargandí y Tagarkunyal, en Panamá, además de la comunidad de Caimán, en Colombia.

El objetivo del encuentro era evaluar el significado de la mola, de sus diseños y buscar la manera de protegerlos. Todo esto con el fin de lograr la nominación para la Lista Representativa de Patrimonio Cultural de la Humanidad de la Unesco.

Erick Marciscano / La Estrella
Migdalia Herrera, secretaria del congreso general de la cultura Guna.

‘Estamos trabajando de la mano con la comarca para poder reconocer la mola ante la Unesco y éste es el primer paso, porque permite por primera vez que las cuatro comarcas se reúnan’, aseguró el ministro de Comercio e Industrias Augusto Arosemena, quien asistió al encuentro.

‘La idea del congreso es evitar que se pierda la tradición. Justamente lo que queremos es poder capacitar, no solo a las líderes tradicionales, sino en las nuevas generaciones, y que vayamos formando líderes expertos en la artesanía y en la mola’, mencionó el ministro.

EN BUSCA DE LA NOMINACIÓN A PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

Lo primero que saltaba a la vista era colorida vestimenta de las mujeres: Pañoleta roja a la cabeza, chaquiras de colores en brazos y piernas, saburete de figuras verdes, y blusa de flores con la mola al centro.

Este complejo appliqué invertido es elaborado con pedazos de tela superpuestos, cosidos y cortados uno encima de otro hasta formar figuras geométricas o de la naturaleza. La mola es una técnica exclusiva de esta etnia indígena, ‘de todo guna tule, que incluye también a las hermanas colombianas que están en dos comunidades de ese país’, asegura Migdalia Herrera, secretaria del Congreso General de la cultura guna.

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La mola es un tejido donde se superponen pequeños pedazos de telas que al juntarlos conforman figuras.

‘Si nos vamos a que alrededor del 90% de las mujeres gunas hacen mola -según los inventarios que se hacen de la mano de las autoridades locales-, contando niñas, hay un promedio de 30 mil mujeres haciendo mola, entre las que viven en las comarcas y fuera de ella’, afirma la coordinadora general encargada del Proyecto de Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de Panamá del Mici, Emma Gómez.

SOLO HECHA POR GUNAS PERO AMADA POR EL MUNDO

La mola se ve en las pasarelas de diseñadores locales como Helene Breebaart, Paola Arguello y Verónica Ángel, e internacionales como la de la estadounidense Nicole Miller, quien llamó a su última colección Panamania, y utilizó textiles con impresiones inspiradas en la mola.

En Panamá, la explotación de la mola solo la pueden hacer los artesanos gunas, de acuerdo con la Ley 20 de 2000, la cual protege esta artesanía como propiedad colectiva del pueblo guna, según explica Migdalia Herrera. ‘Si aquí se mira una empresa haciendo cosas de mola, nosotros sí la podemos demandar, porque para eso hay que tener un permiso’.

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La vestimenta de la kuna consta de pañuelo rojo en la cabeza, blusa de flores unida a la mola a través de un trencilla decoractiva, falda de tela saburete y pulseras y tobilleras de shakiras.

La diseñadora colombiana radicada en Panamá Paola Arguello, quien usa molas en sus diseños, sostiene que ‘no he tenido ningún problema con los gunas, porque todo lo manejo dentro del reglamento establecido por la ley’. Ella trabaja con mujeres de Playón Chico, que viven en la capital.

La líder cultural guna Briseida Iglesias, de la comunidad de Ustupu, en Guna Yala, no está de acuerdo con que se califique su cultura como ‘cerrada’. ‘Si vivimos en un mundo cerrado, ¿cómo vamos a desarrollar la mola a nivel internacional? La mola se disparó e impulsa a Panamá económicamente’.

Acepta que la palabra ‘cerrada’ se refiere a no enseñar la técnica a personas ajenas a su cultura. ‘Eso es parte de nosotros. ¿Por qué tengo que enseñar a otra que no es de mi cultura?’.

Herrera menciona que aunque compartan la técnica con otras mujeres, las puntadas de las gunas siempre serán únicas. ‘Cuando voy a coser mi mola, lo hago con amor, y sé que voy a ponerme una mola que tiene un espíritu que me va a proteger. Si esa persona desconoce todo ese sentimiento, el valor espiritual, entonces, no tiene sentido, lo ve como una moda cualquiera’.

DISEÑOS ALTERADOS, ¿CULTURA PERDIDA?

Los diseños originales han sufrido transformaciones, lo cual preocupa al Congreso General de la cultura guna.

Cuenta Briseida Iglesias que el origen de la mola viene de la creación del universo. ‘Nuestra madre Ologuadule llega a este universo y ya tenía accesorios listos para el trabajo, y observa dónde están los algodones en la orilla del río Olopurkantiwar. Ella arranca cada pétalo de algodón y como tenía conocimiento y sabiduría muy amplia, busca en las hojas de las plantas para que el algodón no salga de un solo color’. Esa es la historia que le contaron sus guías espirituales.

Más allá de una prenda de vestir, la mola es una comunión con la naturaleza dice Herrera. ‘Nuestras madres ancestrales diseñaban juegos geométricos que tienen su propio significado espiritual, por ejemplo, si yo hablo de las montañas y hago una mola de las montañas, eso representa a la mujer. Sabemos que la naturaleza es la mujer, es lo que nosotras proveemos, toda nuestra alimentación, nuestra unión con la cosmovisión, eso es para nosotros muy significativo; nos inspiramos en la naturaleza’.

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En Ipetí hay una cooperativa donde 50 artesanas gunas comercializan sus productos.

No obstante, afirma que hoy la mujer guna, y no solo las jóvenes, hacen las molas con diseños diferentes a los tradicionales. ‘Cosemos como sea, lo que vemos, cosas que no tienen valor espiritual… Por ejemplo, si empiezo a coser animales dañinos, como la serpiente, el tiburón, el lagarto, un perro, que son feroces, me estoy alimentando de ese espíritu negativo y, sin darme, cuenta siempre estoy peleando, siempre ando así, porque llevo un mal espíritu como vestimenta’. Esto se debe, según Herrera, al ‘mundo moderno’.

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Para esta líder guna, el desconocimiento comienza en casa. ‘Nosotras como madres, mujeres, debemos dar la educación a las hijas dentro del hogar. Si nosotras no hablamos sobre la mola a nuestras hijas, esa generación va perdiendo ese conocimiento’. Comenta que desde hace dos años el Congreso General está rescatando y divulgando el significado de la moda en las comarcas.

Emma Gómez, del Mici, asegura que ‘el que pretenda que una manifestación tradicional se quede como al principio está fuera de lugar porque la cultura es dinámica, cambia, se transforma. Es preferible que ellos mismos se modernicen y adapten lo que quieran’.

Independientemente del diseño, para Gómez lo importante es que las mujeres gunas se están educando con el fin de que conozcan cuáles son sus diseños tradicionales y cuáles son innovaciones.

POBREZA Y MIGRACIÓN, DOS GRANDES PELIGROS

En la comarca Guna Yala, el 60.7% de sus habitantes vive en pobreza extrema, según el informe Actualización de las líneas de pobreza, del Ministerio de Economía y Finanzas en marzo de 2015. Ante esto, muchos migran hacia las ciudades.

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Las comarcas indígenas son una de las zonas con más pobreza extrema en Panamá.

Tal es el caso de Analicia López, quien salió de niña de Madungandí para establecerse con sus padres en la ciudad de Panamá. ‘Cuando era chica no sabía hablar guna. Mi niñez y mi escuela las hice en Panamá, pero no me enseñaron las costumbres. Cuando uno sale es una pérdida total de nuestra cultura’.

Ella regresó a Madugandí hace cinco años. ‘He aprendido un poco de todo, a hablar, coser; mi mamá me enseñó’. Está involucrada en el proyecto Wapikoni Panamá, donde le enseñan a filmar y editar videos a jóvenes gunas. ‘Me encanta el cine porque a través de él puedo enseñar a los otros jóvenes que no saben qué significa la mola y nuestras tradiciones’.

En su experiencia trabajando con artesanas gunas, la diseñadora Paola Arguello percibe que la mola está en riesgo de desaparecer porque las nuevas generaciones están menos interesadas en coser. Su equipo de trabajo está conformado por mujeres mayores de 55 años de edad. ‘Las niñas y jóvenes de estas comunidades no tienen la misma pasión por continuar el legado. Este es un oficio que requiere dedicación, práctica y perfeccionamiento, lo cual se traduce en tiempo y pasión’.

PRESERVAR EL LEGADO

Emma Gómez señala que la comunidad guna está inventariando su patrimonio desde 2011 para que sea nominado como Patrimonio Cultural de la Unesco. ‘Uno de los requisitos fundamentales para poder candidatizar una manifestación es que esté inventariada. Ellos no solo la tienen inventariada, sino que ahora la están actualizando’, asegura. Esto y la iniciativa que muestran a la hora de organizarse para preservar las tradiciones, hace que Gómez le vea muchas posibilidades a la posible nominación.

Aunque ya en Guna Yala se ha recopilado un vasto material en fotografía y videos para registrar la técnica artesanal, aún falta cumplir con las firmas de las autoridades representativas de las otras comunidades gunas de Panamá (Madungandí, Wargandí y Tagarkunyal), pues esto ‘es requisito para poder candidatizar un tema’.

Se espera que en enero de 2017, los cuatro congresos gunas en Panamá firmen convenios con el Mici, que permitan que antes del 31 marzo se postule esta y otras técnicas artesanales ante la Unesco en París, indica Gómez.

Además, se están ‘preparando notas para enviar a Colombia y ver si se pueden sumar a esta candidatura, y si ellos no tiene el tema inventariado, hacerlo’. Indicando que aunque no es un requisito que el país vecino esté incluido, dentro del informe que se envíe periódicamente a la Unesco se debe señalar si se están haciendo intentos de comunicación con otras áreas donde haya patrimonio común.

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Las niñas y jóvenes de estas comunidades no tienen la misma pasión por continuar el legado. Hay que enseñarles desde pequeñas para que continúen el legado.

En el informe también se debe exponer qué está haciendo la comunidad para preservar su patrimonio y hacerlo viable y qué está haciendo el Estado para apoyar ese tema. ‘Entonces, ahí está el hecho de que ya existe la Ley 20 de 2000, que se les protege su derecho colectivo. Por otro lado, a través del Proyecto de Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, se le ayuda con la documentación, capacitación e inventario de sus conocimientos; mientras que con la Dirección General de Artesanía se les abre mercados, se va a los lugares (como ocurrió en el encuentro binacional) para que puedan acreditarse y eso les da beneficios’.

Gómez explica que el proceso es largo. ‘Hay que esperar dos años para que sea evaluada y, mientras tanto, el país va mandando los informes periódicos’. Pero la espera vale la pena, pues ‘ser nominado y reconocido en una lista representativa de patrimonio de la humanidad es un reconocimiento que indica que el patrimonio tiene valor ante la humanidad entera’.

‘Es una presión para el país que tiene que cuidar ese patrimonio, no solo con ley sino con acciones’, sostiene. ‘Además, aumenta el interés del turismo o de utilizar las molas, y las técnicas artesanales que ellas utilizan y su significado adquieren un tremendo valor’.

“Cuando voy a coser mi mola, lo hago con amor, y sé que voy a ponerme una mola que tiene un espíritu que me va a proteger,  Migdalia Herrera, secretaria del congreso general de la cultura Guna.

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