Bordados como el punto en cruz y el zurcido, técnicas artesanales como el calado, el sombreado y el mundillo, adornan las telas de la pollera de Los Santos, lo que la lleva a sobresalir entre los atuendos típicos del país. No obstante, su precio, que puede rebasar los diez mil dólares, hace este vestido inaccesible para la mayoría de las panameñas, y lo pone en peligro como patrimonio cultural.

¿CUÁNTO CUESTA UNA POLLERA?

‘El costo de solo la pollera (de gala) oscila alrededor de los 12 mil dólares’, según el investigador Eduardo Alberto Cano Espino. Aclara que a este precio se debe sumar el del joyero, ‘que incluye siete cadenas, tapahueso, sortijas, brazaletes, sarcillos, peinetas, peinetón y botones de enagua, el cual puede variar entre 7 mil 500 y 35 mil dólares, dependiendo si es de plata o de oro’.

El investigador Eduardo Alberto Cano Espino realiza en la actualidad un inventario de las indumentarias típicas de Panamá.Larih Julio
El investigador Eduardo Alberto Cano Espino realiza en la actualidad un inventario de las indumentarias típicas de Panamá.

Según Cano Espino, quien en los últimos 20 años se ha dedicado a la investigación de indumentarias de Panamá, también se debe sumar el costo del rebozo, ‘que dependiendo del trabajo que lleve puede costar desde 200 hasta mil 500 dólares’. El juego de tembleques puede costar de 300 a 2 mil dólares, mientras que las enaguas o peticotes cuestan entre 600 y 2 mil dólares.

Si bien muchas mujeres heredan la pollera y joyas de familiares, Cano asegura que si se trata de comprar todo el conjunto, se puede estar gastando hasta 50 mil dólares en una pollera de gala santeña.

¿POR QUÉ TAN CARA?

‘La pollera se ha comercializado… La han subido que es una barbaridad’, opina la profesora Norma de Testa, quien ha escrito cuatro libros sobre tradiciones panameñas. Para ella, esto se debe a la ‘supuesta evolución’ que ha tenido el traje.

‘De 1980 para acá es que las polleras están alteradas totalmente’. Explica que uno de los grandes cambios consiste en que se ha ensanchado el pollerón. Menciona que antes se hacía con 10 yardas y ahora, ‘desde que los ballets folclóricos impusieron que la mujer debe alzar la falda’, lo hacen con más de 20, lo cual encarece los precios.

Cano añade que ‘de seis tiras que se utilizaban al principio en el pollerón, hoy se usan ocho; sin obviar que antes las labores eran más pequeñas y hoy las quieren hacer hasta de 12 pulgadas’. Esto impacta los precios pues las artesanas trabajan más.

El investigador Ezequiel Villarreal considera que estos cambios han afectado la esencia del traje. ‘La creatividad mató a la pollera por el mito de la ostentación: La tela debe ser la más cara, la labor debe ser las más sobrecargada, si es el joyero, deben ser 40 joyas, y si son los tembleques, deben ser 100 pares’.

Villarreal sostiene que ‘antes la empollerada lucía natural y se ponía lo que tenía: Flores en la cabeza, cualquier collar que tuviera… Con el amor que le tengo a la pollera debo decir que ahora es un burdo disfraz, donde todo está sobredimensionado. Nada parecido a la pollera delicada y grácil de nuestras antepasadas, que en aquella época todas podían costear’.

La profesora de Testa recalca que los materiales con que se confeccionan las polleras también han subido de precio. ‘Cuando hice mi primera pollera, hace más de 30 años, la cajeta de las madejas de hilo costaba un dólar, ahora cuesta 8 dólares’.

Además, el costo de la vida se refleja en los precios, dice Cano, ‘hoy todo es más costoso y las artesanas tienen que vivir’. Agrega que desde 2010, cuando se empezó a hacer el Desfile de las Mil Polleras, también se elevaron los costos porque ha aumentado la demanda por este vestido.

EL PRECIO DE LA INTERMEDIARIA

Hasta seis artesanos diferentes pueden participar en la confección de una pollera de gala santeña. De manera que no es un vestido que se puede comprar en tienda. Se hace a la medida y por encargo, usualmente en pueblos alejados de las urbes, como La Enea de Guararé, Santo Domingo, San José de Las Tablas y Las Lagunitas.

Así, entre la distancia, los diferentes artesanos y el tiempo (hasta un año) que toma, ‘mandar a hacer una pollera’ puede convertirse en un laberinto complejo en el que una persona puede perderse -o perder su dinero-. Allí aparece la figura de ‘la intermediaria’, encargada de repartir las partes de la pollera entre diferentes artesanas, que no se conocen entre sí y que no saben para quién es el trabajo que realizan.

Varias artesanas aseguran que es la intermediaria la que se queda con el mayor porcentaje (hasta 50%) de lo que paga una persona por la pollera. Así, el costo de la intermediaria es uno de los factores que encarece este traje típico.

‘Una vez le tiré número a una pollera de gala marcada en punto chiquito (4 por 5), que la artesana (como le gusta a la intermediaria que le llamen), la vende entre 12 mil y 13 mil dólares. Si yo la mandaba a hacer por mi cuenta eran 6 mil 700 dólares, o sea que la intermediaria se gana más de 5 mil dólares, sin hacer ni una costura’, recalca Eduardo Cano.

La artesana María Helena Hernández García, quien confecciona juegos de mundillo en el portal de su casa en el pequeño poblado de La Pacheca, en la Enea de Guararé, admite que sí han variado los precios del trabajo. ‘Cuando yo empecé hace 20 años, tejía la yarda a 12 dólares, después la subieron a 15 y ahora está a 50′.

La artesana María Helena Hernández García confecciona mundillo en el portal de su casa en el poblado de La Pachecha.Larish Julio
La artesana María Helena Hernández García confecciona mundillo en el portal de su casa en el poblado de La Pachecha.

Ella vende a 800 dólares el juego completo de mundillo para una pollera de lujo, que le lleva más de un mes de trabajo, ‘desde que amanece hasta que anochece’, y opina que el precio no es justo.

La artesana de calado Dalys Hernández afirma que ‘la pollera se ha elevado una barbaridad, pero el trabajo de las artesanas que somos quienes la hacemos no ha subido tanto. La han subido las personas que cogen el contrato (intermediarias) y te venden la pollera’.

Como además sabe zurcir, marcar y armar la pollera, Hernández prefiere hacer el traje completo, de principio a fin. Cobra hasta seis mil dólares por una pollera marcada y cuatro mil por la sombreada, aunque admite que su ganancia no es exagerada. ‘Me han quedado como 800 dólares de la de gala en ocho meses’.

La artesana Dalys Hernández quien se especializa en calar, prefiere armar la pollera completa de principio a fin.Larish Julio
La artesana Dalys Hernández quien se especializa en calar, es una de las pocas artesanas que puede confeccionar una pollera de principio a fin.

Pero ella ‘cobra lo justo’ preocupada por el folclor, dice la artesana Hernández, pues teme que el vestido típico desaparezca porque se ha vuelto muy costoso. ‘Siento que si esto sigue así se va a acabar con el tiempo, porque cualquiera no puede mandar a hacer una pollera. Tú sabes que es que tú vengas con la ilusión y te pidan 12 mil, si apenas ahorraste seis mil. El doble se lo va a ganar otra que no hace nada’, apunta refiriéndose al a intermediaria.

POSIBLES SOLUCIONES

‘La pollera es algo muy entrañable, pero está perdida, inaccesible y convertida en un elemento de élite’, valora Ezequiel Villarreal, quien propone el uso de la máquina de coser en la elaboración para abaratar costos. Con ese propósito creó en mayo de 2016 sus talleres de costura tradicional Lindas polleras Panamá, que dicta junto a su cuñada Amada Echeverría, donde promueve el uso de la máquina de coser en la confección de la pollera para así hacerla accesible.

Ezequiel Villarreal promueve en sus talleres Lindas Polleras Panamá el uso de la máquina de coser.Albin García
Ezequiel Villarreal promueve en sus talleres Lindas Polleras Panamá el uso de la máquina de coser.

‘En Panamá, es un mito hablar de la pollera hecha con máquina de coser. Desde que vino la máquina de coser (a finales del siglo XIX), toda la costura recta era hecha con máquina. A alguien se le ocurrió decir que todo era a mano, creando el mito de lo artesanal, que sí tiene su valor, pero ha vuelto inaccesible la pollera’, manifiesta.

Cano está de acuerdo con Villarreal y comenta que según sus investigaciones ‘todas las primeras polleras (que se empezaron a ver en Panamá para finales del siglo XIX) en un 100% fueron hechas a máquina de coser. Luego la vestimenta se expandió al resto del país por imitación y cada región la adoptó a su manera. En Las Tablas, las mujeres le dieron valor artesanal al agregarles las labores y los tejidos y al armarlas sin el uso de la máquina’, distingue.

El investigador Cano teme que la pollera con labores ‘está dejando de ser un ente folclórico, por los altos costos, ya que no es accesible para todas las mujeres’. Por eso, en los talleres que dicta trata de inculcar en las personas el amor por toda la indumentaria tradicional del país.

‘Existe el mito de que la pollera solamente es de labor, hay tantas variantes y opciones, que puedes optar por cualquiera. Esa percepción es lo que tratamos de cambiar, porque todas las polleras son hermosas’, dice.

Para Norma de Testa, una de las soluciones es que el gobierno busque, a través del Ministerio de Comercio e Industrias (Mici), que el material usado en el vestido típico, como el holán de hilo y el encaje valenciano, que es importado, se abarate. Para ello, este año presentó ante la Asamblea Nacional el borrador de un decreto de ley que proteja el vestido típico.

EL PELIGRO DEL ALTO COSTO

De acuerdo a la convención de la Unesco que firmó Panamá en diciembre de 2003 y que se convirtió en Ley el 7 de julio de 2004, desde 2011, el Mici prepara un inventario del Patrimonio Inmaterial de Panamá para poder nominarlo a la lista de Patrimonio Inmaterial de la Unesco, esto incluye los diferentes tipos de pollera.

La coordinadora general encargada del Proyecto de Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de Panama del Mici, Emma Gómez, menciona que aún ‘no es prudente decir qué técnica original de la pollera será nominada para Patrimonio Inmaterial’.

No obstante, señala que ‘si hay algo que tiene en contra la pollera santeña ahora mismo, en alguna nominación, es su elitismo en cuanto a quién puede tener una pollera, que a veces es motivo de jactancia. Precisamente, eso va en contra a la hora de querer registrarla, porque buscan que haya elementos que sean signos de cohesión social’, distingue.

Además, para Gómez, los precios elevados hacen que se distorsione la técnica y que, por ejemplo, personas opten por llevar polleras pintadas que nada tienen que ver con las técnicas ancestrales. ‘Lo importante es fortalecer la parte del artesano para que los precios bajen’, propone.

Gómez opina que se debe evitar el clasismo en el folclor. ‘El folclor tiene su evolución, pero en Panamá lo que signifique abaratar costos, como los tembleques de plástico, son motivo de escándalo porque se consideran de mal gusto, y se rechaza porque supuestamente van en contra de lo tradicional; pero si es algo para subir el precio, como los tembleques de Swarovski, sí se acepta. Así le hacemos daño al folclor’.