Saber lo que se quiere es apenas visualizar la cordillera para empezar a escalar hacia tu negocio o emprendimiento. Comienza por hacerte una simple pregunta: ¿Qué quieres de la vida? ¿Qué significa el éxito para ti?
Es difícil lograr un golpe de éxito si no se tienen los objetivos de vida ordenados o particularmente identificados.
Después de 17 años de inspiración en mi trabajo y en mi vida familiar, puedo decir que mis papilas gustativas han disfrutado el placer del éxito, pero que es gradual, desafiante, camaleónico, con sabores dulces, con notas amargas: que en diferentes etapas de la vida es perceptible, amigable, cercano y a veces distante y reconociendo que los obstáculos son una realidad positiva.
Cada una trazará el camino según sus valores, metas, talentos y necesidades, contestando a la pregunta que antes les plantee. Para unos, el éxito es producto de una dirección bien trazada con un plan de trabajo; para otros puede ser hasta un golpe de suerte. En cualquiera de estas dos percepciones, emprender un negocio propio es un camino con curvas, trochas, huecos, subidas y bajadas, pero una ruta que avanza. Tendrá sus paradas para repensar, cambiar el rumbo, revisar la estrategia, replantear la propuesta, redimensionar, afilar números y seguir.
Al iniciar un emprendimiento, te planteo seguir estos pasos.
Prestar atención a la esencia de lo que quieres.
Este será el primer paso de esta aventura, y lo llamo aventura porque va a haber de todo. Con esa idea que definas, te tienes que identificar y creértela. Sobre la marcha podrás alterarla, modificarla y hacerle adecuaciones, pero su esencia única es la que te hará sostenerte. Teniendo muy clara la idea del negocio, entonces la pregunta sería: ¿Soy yo viable para la idea?
Patricia Osma

Elige un mentor, por lo menos uno.
Deposita confianza y comparte esa idea o proyecto con un mentor de vasta experiencia y conocimiento que ha navegado por las aguas que ahora tú vas a navegar con osadía. Así evitarás errores graves por la inexperiencia y decisiones erróneas.
Puedes encontrarlos en tu seno familiar, en amigos cercanos, en tu red de contactos o puede ser un amigo profesional con alguna especialidad relacionada a tu negocio. Debe ser alguien que admires y que sientas cercano para mantener un canal de diálogo abierto y motivado.
En mi caso, mis mentores fueron mis padres, ambos empresarios, pilares de mi éxito y hoy, ya retirados, siguen brindándome su consejo empresarial, sumados a otros talentosos amigos mentores.
Nadie se toma a mal compartir un buen consejo y una perspectiva diferente es oportuna y acertada. Al final, todas las decisiones las harás tú.
También existe el mentoring online si te sientes cómoda con ello. Ten presente que la mayoría de las aceleradoras de start-ups contemplan mentores.

Autoexamen de los recursos con los que cuentas.
Pregúntate: ¿Tengo las capacidades y habilidades necesarias para emprender y llevar hacia adelante mi proyecto? ¿Quiero desarrollar mi carrera profesional como empresaria? Si la respuesta es afirmativa, avanza.
Cuando me refiero a los recursos, son tanto tangibles como intangibles. Tus dones, talentos, estudios, conocimientos del producto o servicio a ofrecer, valores, atributos, ahorros, propiedades, el estado actual de tus finanzas, red de contactos estratégicos, el capital de trabajo, el ‘know how’. Todo el compendio de lo que eres tú y lo que tu nombre involucra. Ese es tu perfil como emprendedor.
Luego, analiza tu nivel de compromiso, hasta qué punto estás involucrada con el proyecto, tienes consciencia del riesgo que implica, las muchas horas que le dedicarás y el manejo del estrés, la disciplina de trabajo. ¿Hasta qué punto estás dispuesta a luchar?

Diseñar el modelo de negocio.
Aquí hay una pasarela de preguntas que tendrás que responder. ¿Mi producto o servicio cubre una necesidad? ¿Cómo es mi cliente objetivo? ¿Cuáles son mis competidores y sus estrategias de ventas? ¿Mis ventajas competitivas a diferencia de ellos?
Sobre la base de tus respuestas, construirás tu proyecto. Indaga mucho, identifica muy bien tu segmento, las necesidades y deseos.
Te sugiero tengas muy presente estas tres preguntas: ¿Qué es lo que vendo? ¿A quién se lo vendo? y ¿Cómo lo vendo? Preguntas básicas pero fundamentales para el análisis de la viabilidad del negocio porque no puedes perder el norte.
La cerecita del pastel es crear la propuesta de valor que acompaña el proyecto, porque será lo que te hará diferente, única, singular y elegible para los clientes. Entonces, estarás trabajando para construir relaciones que perduren.
Finalmente, es imposible golpear con fuerza un objetivo si no tienes uno bien definido. Depende también de tu fuerza interna, que es donde todo empieza.
Así que antes de aventurarte a iniciar un emprendimiento, haz un poco de búsqueda de alma; elabora un plan para alcanzar tus metas; profundiza en ellas particularmente en los detalles; mira la película completa y dale forma y color.
Construye una vida, hazla buena y ¡hazla tuya!