Este payaso, mimo y artista plástico argentino se toma en serio el oficio de hacer reír a la gente. Es artista en el Cirque du Soleil, donde interpreta el rol principal de Eddy en el espectáculo Saltimbanco. Con su show Ensueño de Martini, donde además realiza trucos de magia y juega con el público, Martin Pons clausuró el primer Festival Internacional de Teatro Infantil de Panamá, que se celebró en el Parque Recreativo Omar.

¿Cómo defines a Martín?
Martín es un artista inquieto, que desde niño dibuja naturalmente y a lo largo de su camino fue desarrollando diferentes aristas del arte, muchas de ellas finalmente se conjugan en el teatro.
Desde temprana edad confeccionó máscaras, vestuarios, diseño gráfico, hasta las animaciones que ambientan el espectáculo Ensueño.
Complementa este camino una familia formada junto a Vicky, con quien tuvo tres hijos: Lua (17 años), estudiante de teatro; Tadeo (14 años), estudiante técnico; e Iván (11 años), estudiante de Bellas artes, y tal vez, youtuber.

¿En qué momento notaste que tu pasión es hacer reír a la gente?
Desde chico tenía una búsqueda de la hilaridad para con el público, pero siendo una persona tímida esto no llegó formalmente hasta mucho tiempo después. Pero siempre, desde las diferentes ramas del arte, hubo una búsqueda de movilizar, generar sensaciones diversas… No solo hacer reír, sino también reflexionar o asombrarse.

¿Un payaso se puede tomar la vida en serio?
Sí, los payasos nos tomamos la vida en serio porque lo que mostramos es lo que nos sucede. Eso es veraz y, por cierto, serio. Esta seriedad es la que muchas veces provoca la risa.

¿Cómo defines tu profesión? ¿Qué ha sido lo más significativo de ella?
Mi profesión es maravillosa y transformadora. Esta profesión es la vida misma. Uno convive con ello, eso se ve reflejado especialmente en el espacio de la creatividad, que más allá del escenario en sí mismo, todo el tiempo uno está sumergido y embebido en el arte. Y cuando llega la risa del público, el aplauso y el reconocimiento, es verdaderamente gratificante. Lo más significativo es el poder de transformación, tanto para el espectador como para uno mismo.

¿Crees que tú trabajo tiene un impacto más allá de hacer reír a la gente?
Sí. Mi trabajo tiene ese poder transformacional que puede generar la risa, pero también puede venir de la mano de otro tipo de emociones, como la melancolía, el asombro sobre una destreza, o la fascinación ante lo mágico. El teatro puede modificar ese solo instante, así como toda una vida.

Cortesía
Martini es el personaje principal de la obra de teatro Ensueño de Martini, interpretado por el payaso, mimo y artista argentino, Martin Pons.

¿De dónde nació tu personaje de Martini?
El personaje Martini nace en El Parque de la Costa, el parque temático más importante en Argentina. Primero, fue un “Clown mozo” (camarero), que con su bandeja recorría los corredores del parque sirviendo tragos imaginarios. Luego, creció y transitó diversos grupos y roles.

¿Qué es lo más especial de Martini?
Lo más especial de Martini es su inocencia, su universo poético y, sobre todo, aunque no parezca, es capaz de pintar. Pocas veces se ve un clown pintando en vivo.

Cuéntanos de ese mundo al que llevaste al público panameño
Ensueño de Martini es una obra en la que Martini, al llegar a una especie de oficina donde se guardan maletas, pierde la propia.
Entonces, unas encargadas algo despistadas, lejos de ayudarlo, traspapelan esa maleta. No sabemos si es sueño o si es real. Martini en su búsqueda destapará otras que lo llevan a vivir sueños ajenos, del pasado y del futuro.

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¿Cómo es la dinámica de tu espectáculo?
El espectáculo tiene un respaldo multimedia y de luces que realzan el sueño, ello está armado con una gran determinación técnica, por lo que el trabajo es una gran coreografía para que los engranajes encajen a la perfección y este trabajo sea una obra de excelencia.
Esto es posible gracias al equipo, con el diseño lumínico de Carlos Gaber, las actuaciones de Federico Di Pila e Ishi Martin, la asistencia técnica de Daniel González y la producción artística de Myriam Pérez. Aun así hablamos de clown, y hay margen para el disparate, la locura y para jugar con todo el público.

En tu show se evidencia una mezcla de varias disciplinas,  ¿cómo lo definirías?
Verdaderamente es un espectáculo con varias disciplinas, y siempre es difícil para mí categorizarlo. Lo llamo “teatro visual y clown”, ya que son las disciplinas más relevantes. Utilizo pocas palabras y en una mezcla de lenguas que lo hace universal.
Técnicamente, utilizo también la pantomima, títeres, máscaras y la plástica, que además de pintar en vivo, emerge desde la concepción visual del show. La video-proyección completa este universo onírico.

¿Tienes algún público predilecto?
Todos los públicos son interesantes. El adulto, con sus cáscaras de la vida, es grandioso verlo soltar y aflojarse. Pero es un verdadero deleite presentar ante los niños porque todo es nuevo para ellos; se sorprenden de aquello que para nosotros ya es obvio, pero que están en la frecuencia de Martini, listos para la imaginación.

¿Qué crees que necesitan ver los niños a través del teatro y el arte?
Creo que necesitan ver todo lo que sea posible, especialmente transitar esta maravillosa experiencia vivencial que es el teatro. Ver teatro es otra manera de formarse, de crecer enriquecidos, de reír, llorar y conmoverse. Y es que a través del arte escénico encuentran un universo único que está algo escondido entre las nuevas formas de comunicación y artes virtuales. Por ello, creo también que es necesario fomentarlo y hacerlo accesible en este tipo de eventos, como el Primer Festival Internacional de Teatro Infantil de Panamá, que son bien recibidos por el público.

¿Qué has notado que le gusta más a los niños de tu show?
Pienso que les gusta ese lado torpe de Martini. Se sienten empatizados por su ternura y su tontera, que está reflejada a través de una conexión, de un lazo que se genera entre los niños y Martini en el momento que todos nos sumergimos en este universo. Incluso los adultos se vuelven niños.

¿Cómo llegaste a Cirque du Soleil?
Al Cirque du Soleil llegué a través de unos castings realizados en su momento en mi país, pero no fue de un día para otro. Pasó un largo tiempo para que me convocaran. Sin saberlo, esa demora sirvió para estar verdaderamente maduro el día que fui convocado. Más allá de mi técnica, esos años de experiencia en el parque en Argentina sirvieron para estar a punto para la mayor compañía de circo del mundo.
Es como un gran premio a mi carrera, sumado a ser una experiencia maravillosa, donde conocí artistas de diferentes rincones y tuve el chance de conocer el mundo a través de mi profesión. Es un camino que ahora también puedo proyectar personalmente con mi compañía.