Decidir dónde o con quién se quedarán los pequeños cuando los padres salen a trabajar es una tarea difícil, rodeada de dudas y temores.

Dejarlos en la comodidad de la casa con una nana o trasladarlos hasta un centro infantil son dos de las opciones que tienen los padres de hoy, pues cada vez es menos probable que mamá se quede en casa o contar con una red de apoyo familiar para ello.

De esta importante decisión dependerá el desarrollo integral del menor y su felicidad.

Es mejor dejarle en casa los primeros años
Psicólogos y pediatras, en general, miran con buenos ojos la estimulación que reciben los niños en los centros infantiles, por los efectos positivos para el desarrollo y aprendizaje. Sin embargo, coinciden en que es preferible que el menor permanezca en casa antes de cumplir los dos años, ya sea bajo el cuidado de una nana o de un familiar de confianza.

Karen Bernal | Revista MIA
Ambas opciones tienen pros y contras. Hay que analizar cuál alternativa se ajusta mejor al estilo de vida de la familia y provee al niño de un ambiente cómodo y seguro.

“Una ventaja al quedarse en casa antes de los dos años es que el ambiente que rodea al niño será el que él conoce, al igual que los juguetes y la comida”, subraya la pediatra del Centro Médico Paitilla, Geraldine Norte Lanza.

Menciona que cuando el niño es menor de dos años los pediatras recomiendan que su cuidado sea en casa y no en guardería. “Lo mejor de un cuidado personalizado es que la niñera o la nana recibe las indicaciones respecto a los alimentos, horas de descanso y hábitos diarios. En general, será solo una intermediaria para continuar con la educación iniciada por los padres”.

La psicóloga clínica de niños y adolescentes del Centro de Bienestar Psicológico, Ana Gabriela Ng, considera que al año de nacido el niño estaría muy pequeño para una escuelita, pero sí lo recomendaría “desde los dos años y medio”.
No obstante, señala que una de las desventajas de la nana es que el niño puede tener acceso ilimitado y no supervisado a la tecnología (televisión, teléfono inteligente, tableta).

También puede ocurrir que la nana no ejerzar un rol de autoridad “y el niño hace lo que le da la gana y empieza la parte desafiante”.

Otro contra, expresa Ng, es que con la nana es menos probable que se cree una rutina estable todos los días, como ocurre en los centros infantiles.

En la escuelita hay más estimulación
La psicóloga Ng recalca que los primeros cinco años de vida de un niño son determinantes para su futuro, por ende resulta fundamental que sea correctamente estimulado en esta etapa.

Esta estimulación es la gran ventaja de los centros de cuidado infantil (maternales, jardines de infancia, guarderías, etc). “La estructura que hay en un jardín le va a ayudar al menor en todas las áreas de desarrollo”.

Este tipo de estimulación permite el desarrollo de la autonomía, independencia, autoestima estable, interacción con otros pares y adultos. “También se mejora la parte motriz, la social, la autorregulación conductual y emocional y el lenguaje. Se realizan actividades de patrón y secuencia y se afianzan los lazos afectivos con los adultos”.

Ng reconoce que en casa el niño también puede desarrollarse, pero dependerá mucho de la nana. “Generalmente lo que uno conoce como nana, más que enseñar, su rol es atender las necesidades del menor como baño, comida y cuidado”.

A muchos padres les preocupa que los niños contraigan enfermedades en el centro infantil. Sin embargo, la pediatra Geraldine Norte aclara que esto ayuda a que el sistema inmune se fortalezca.

Aún así advierte que “no se recomienda en ninguna circunstancia enviar a los niños enfermos a las guarderías o maternales porque otros niños se pueden contagiar; además que el niño no aprende o no rinde lo suficiente”.

Allí surge un problema, sostiene Norte, pues si los padres no cuentan con alguien que cuide a los niños en casa cuando se enferman “se complica la asistencia al trabajo o se descompone la dinámica familiar”.

Otra desventaja que se puede suscitar en las guarderías, según Ana Gabriela Ng, es que hay situaciones que los niños no están en capacidad de manejar. “Los infantes tienden a ser egocéntricos, entonces hay ciertos manejos que pueden generar situaciones de conflicto”.

También se puede dar el caso de que los padres de familia se desconectan de las actividades especiales de la escuela. “A un niño le podría afectar si sus papás no van. La casa y la escuela no son mutuamente excluyentes, es un trabajo en conjunto y los papás se deben involucrar”.

¿Qué buscar en un centro infantil?
Lo primero que se debe determinar al elegir un maternal es que cumpla con los requisitos y regulaciones legales para estos centros.

Jaime Lucar
El centro infantil debe cumplir con las estipulaciones que exija la ley.

A los centros infantiles que atienden a niños de 0 a 3 años, el Estado les denomina Centro de atención integral a la primera infancia (Caipi), y son regulados por el Ministerio de Desarrollo Social (Mides).

“Hay que mirar que tengan la resolución del Mides”, afirma Ana Cristina Terrientes, directora de la Dirección de servicios de protección social de la entidad.

Terrientes aclara que es posible encontrar que muchos centros no cuentan con este requisito.

“Cuando llegamos al ministerio, hicimos un censo de 530 Caipis privados a nivel nacional; nos encontramos que ni 150 estaban legalizados. Ahora estamos llegando a los 246 y hemos mandando 12 proyectos completos a asesoría legal para que les hagan resolución”. A nivel público, existen 105 Caipis comunitarios.

Si el centro aún está en el proceso de registro en el Mides, los padres deben cerciorarse de que por lo menos cuenten con el resto de los requisitos y permisos: Aviso de operación por parte del Ministerio de Economía y Finzanzas, la zonificación correcta por parte del Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial, certificado de salud por parte del Ministerio de Salud, certificado del Sistema Nacional de Protección Civil, y los certificados de buena salud mental y física del personal.

También es fundamental verificar que cuenten con personal idóneo, que tenga un diseño curricular siguiendo lo establecido por el Ministerio de Educación y que el espacio y el número de personas esté acorde a la cantidad de niños. Si son lactantes y niños de un año, debe haber una maestra y un asistente por cada siete niños. Si son de 2 años, cada maestra, con su asistente, puede atender hasta 15 niños; y de 3 a 4 años, pueden ser hasta 20 niños por maestra y asistente.

“Cada padre de familia antes de matricular a su hijo tiene derecho a evaluar cada espacio del centro para determinar si es apropiado o no. Si el personal es idóneo y cuentan con los permisos de seguridad, sabemos que van a recibir una buena atención y no corren ningún tipo de peligro”, concluye Terrientes.

La elección de la nana
A la hora de buscar una nana, la psicóloga Ng señala que se debe considerar sobre todo el trato. “Debo esperar que sea cariñosa, empática, que contenga al niño si está irritado, que tenga un chip de disciplina positiva, que sea autoridad, pero que sea amable y cordial”.

También debe ser una persona que se conecte con el niño y le inculque rutinas. “Que no lo ponga a ver tele todo el día, que respete las normas de la casa, que le haga seguir una rutina al niño y le fomente su independencia”. Destaca que el tema de seguridad también es vital en casa.

“La nana también le puede dar estimulación en las partes de desarrollo, pero debe ser una persona con iniciativa, que esté motivada, que le sea fácil el manejo con niños”, subraya.

¿Qué opción es mejor?
La psicóloga Ana Gabriela Ng afirma que no se puede decir que una alternativa sea mejor o peor que la otra. “Al final es relativo, pues no todos los casos son iguales, y dependerá mucho de la situación socioeconómica y cultural de la familia, así como del cuidador”.

Aris Martínez
Chantal Blok enseña a los niños a través de los juegos y experiencias, en el Jardín de Ms Blok.

La pediatra Geraldine Norte agrega que lo más importante en ambos casos es que “nuestros hijos reciban los cuidados necesarios para sentirnos seguros”.

Independientemente de la decisión que se tome, siempre es importante que los niños compartan con sus padres.
“Un niño se puede quedar todo el día en la guardería o con la nana, pero lo importante es que tenga momentos de calidad con sus padres”, recalca Ng.

Para ella, los fines de semana son momentos flexibles que se pueden dedicar a los pequeños.

El momento entre la cena y la hora de dormir también es ideal para estar con los hijos. “Muchos papás cuando llegan a casa ponen al niño a ver tele porque están agotados. Lo ideal es aprovechar ese tiempo para que lean, jueguen y le hablen a sus hijos, creando un vínculo”.

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Mamá en apuros
Con 32 años, Dayana Rivas es madre de Joshimar, de 12 años, y Anna Sofía, de 3, y ha probado desde nanas hasta centros infantiles, sin encontrar un ideal.

Buscando un entorno más seguro para su familia y cerca de su trabajo en la capital, la comunicadora social dejó su natal Colón y se mudó para La Chorrera cuando su hijo mayor tenía 7 años. Lejos de su familia, inscribió a Joshimar en una guardería, pero fue complicado por su edad.

“Joshi era más grande que el resto, él no tenía problemas con convivir con chiquillos pero quería hacer otras cosas”. Le comenzaron a poner quejas del comportamiento del niño y al final terminaba castigado tanto en la casa como en la escuela.

“Lo dejaban encerrado dentro de una habitación solo para que no molestara. Ellos tenían un parque y decían que no sacaban a los niños para evitar accidentes. Seguí porque no tenía dónde tenerlo”. Menciona que un día una maestra descontenta le aclaró que su hijo se portaba bien, pero que la dueña quería que los niños se quedaran sentados por horas. Así Dayana llevó a su niño a un centro de estimulación por dos años.

Al quedar embarazada de su segundo bebé, decidió buscar una nana que se quedara con la recién nacida y su hijo, entonces de 9 años. En total, la familia tuvo ocho nanas en tres años. Aunque cada cual tenía cualidades positivas, nunca pudo encontrar una ideal. “Me di cuenta que con las jovencitas era inestable el asunto. Ellas son cariñosas, pero si les pica algo, se van así no más. También está el tema de la limpieza, si se les derramaba una crema, ahí quedaba el charco hasta que yo llegara”.

Con las nanas más maduras encontró un poco más de estabilidad, pero una de ellas tenía problemas de carácter y otra los cuidaba en su casa y les permitía acceso ilimitado a la televisión. La niña comenzó a replicar los diálogos de las telenovelas y hablaba como Pepa Pig.

“Tuve que optar por mandar a Anna Sofía a Colón. El próximo año, cuando cumpla 4, la pondré en la escuelita y de ahí a una guardería que tenga una imagen más corporativa y no que esté en una casa”, afirma.

Aún así sabe que no será tarea fácil. “Cuando vas a buscar una guardería privada en Panamá, por barata te sale en 250 dólares medio tiempo. El tiempo completo varía de 300 a 500 o más”, lo cual es costoso para ella.

En las afueras de la ciudad, el problema es que no son cónsonas con la realidad de los padres. “Puedes conseguir una guardería súper económica y completa en La Chorrera a 140 dólares, pero no siempre puedes llegar a las 6:30 p.m. que es hasta la hora que trabajan”.

El boom de los centro infantiles

Con el crecimiento económico del país, cada vez es más difícil conseguir una buena nana, pues muchas mujeres prefieren emplearse en otro tipo de trabajos que le resulten mejor remunerados. Por lo que los centros infantiles se han popularizado y aumentado, sobre todo en la capital.

Niños independientes, papás tranquilos

Jaime Lucar

El Centro de atención integral a la primera infancia (Caipi) del Banco Nacional es uno de los 23 Caipi institucionales que existen en el país. Su directora Rosa Itzel Lara comenta que la idea surgió hace 35 años para ofrecerle el servicio de cuidados y educación a los hijos de los colaboradores permanentes.

“No podemos reemplazar la casa nunca, pero tratamos de simular un segundo hogar con un ambiente infantil, familiar, muy cómodo y estable”.

Esto, explica Lara, le da estabilidad emocional a los padres, “porque ellos saben que sus hijos están en un buen centro infantil, que hay recursos, un personal bien calificado y que hay un buen ambiente”.

Mientras que a los niños se les fortalece su independencia. “Ellos solos son capaces de desarrollarse socialmente. Hay muchos hijos únicos y aquí se desenvuelven con sus compañeros, emocional e intelectualmente. Desde muy pequeños se les estimula a realizar las actividades de la vida cotidiana por sí solos con la dirección de sus maestras, llevándolos poco a poco a los objetivos planteados por el grupo”, explica la directora.

El Caipi que comenzó con 48 niños, hoy atiende 125, distribuidos en 7 salones, según la edad (entre 1 y 5 años). Tiene enfermería, un comedor donde se prepara solo comida saludable, salón de desarrollo psicomotor, biblioteca y un amplia área abierta de juegos infantiles.

Cuenta con programas y campañas de salud con ayuda de diferentes entidades del gobierno para prevenir enfermedades en los niños. Además, cuando la jornada termina, a las 3:30 p.m., entregan a los niños a sus padres en sus lugares de trabajo. El costo es de acuerdo a lo que el colaborador gane, oscila entre 40 y 75 balboas mensuales.

Aprender jugando

Aris Martínez

La licenciada en educación inicial Stephanie Blok señala que la mejor forma de enseñarle a un niño es a través del juego y de la experimentación.

En el Jardín de Ms Blok, centro de entretenimiento educativo que creó junto a su hermana Chantal, ayudan a los niños a desarrollarse en un ambiente seguro: Hay portón de seguridad y no pueden entrar personas mientras estén los niños.

“Los niños vienen, no a sentarse en una silla o solo pintar, sino a divertirse”, explica Chantal Blok.

Tanto el ambiente como el currículo son dinámicos. “Todas las semanas cambiamos los temas; las actividades que realizamos en la semana están ligadas a eso. Aquí no mantenemos a los niños en una sola área, nos gusta rotarlos, estimularlos, cantarles, leerles”.

El aprendizaje es por medio de juegos. Por ejemplo, si trabajan conceptos como grande y pequeño, tiran pelotas de diferentes tamaños y en lugar de decirle al niño el concepto, le enseñan las pelotas y les piden que las pateen y las guarden de acuerdo al tamaño.

También enseñan por medio de experiencias directas, “porque a través de ellas el niño obtiene un aprendizaje significativo. Cuando hablamos de los animales del mar, vamos a la Calzada de Amador a que los niños vean los peces. Si hablamos del zoológico, vamos al Summit para que el niño experimente”, afirma Stephanie, además de que salen con frecuencia al patio al aire libre del centro.

Peques más estimulados

Jaime Lucar

La psicóloga Ana Gabriela Ng comenta que cuando un niño es estimulado, va mejor preparado a la primaria, pues su comportamiento es más controlado y desarrolla más sus competencias.

En el salón especial para el desarrollo de los bebés de la guardería Baby House, los pequeños juegan en un gimnasio o en una piscina de pelotas. Esto, explica la directora Ana Carolina Ascanio Soto, les permite desarrollar el equilibrio y la motricidad fina.

Los más grandecitos pueden jugar en un salón con juegos didácticos, pelotas, túneles y grama. También realizan manualidades en una sala con sillas y mesas pequeñas, desarrollando sus habilidades sensoriales.

Ascanio sostiene que los primeros tres años de vida del bebé deben estar diseñados para explorar y descubrir las bases para futuros aprendizajes. Por esta razón, se salen del patrón de escuelita con horarios y actividades rígidas, y en lugar de eso, ofrecen variadas actividades y el pequeño va decidiendo si las quiere realizar o no.

“Realizamos actividades lúdicas y de estimulación, de corte artístico, musical, de lectura, de trabajo motriz fino y grueso, cuyos objetivos se enmarcan en el alcance de un desarrollo integral tanto a nivel cognitivo, como social, físico y emocional”, detalla.

Los niños hacen rondas de canciones, rondas de lecturas, bailan y pintan. A los bebés les hacen masajes relajantes y fortalecedores.

La directora sostiene que un lugar seguro le da mucha tranquilidad a los padres. La guardería cuenta con un sistema de cámaras de vigilancia, que pueden monitorear los padres por internet desde su computadora o celular.

Señales de alerta
Según la psicóloga Ana Gabriela Ng, si algo anda mal, tanto en la escuelita como con una nana, podrá ser manifestado por el niño.
Preste atención a:

  • Llanto recurrente
  • Rechazo hacia la maestra o nana
  • Expresión de temor
  • Ansiedad
  • Perdida de apetito
  • Accidentes de control de esfínteres (se hace pipí o pupú aunque ya dominaba esto)
  • Pataletas o berrinches

“Pienso que el mejor termómetro será el mismo niño”, dice la psicóloga.
Si de parte de la escuela o nana se da cualquier incumplimiento de sus funciones o cierta negligencia con el niño, “por ejemplo, que lo dejen sucio, que no lo cambie al tener accidentes de pipí o pupú, no darle su merienda o comida, agresiones verbales o físicas, comunicación limitada o restringida con los padres”, tampoco es una buena señal.