Cada vez más personas se suman a la tendencia de trabajar de forma independiente y manejar su tiempo según sus necesidades. Compartir espacios y recursos con otros, se convierte entonces en una alternativa para ahorrar costos al emprender.

Más allá de los beneficios económicos, los espacios de trabajo compartido también permiten a las personas estar en un ambiente productivo y conectarse con otros profesionales, que les pueden ayudar.

“Coworking spaces, como se le llama a este tipo de lugares, es una tendencia muy europea y americana, que se ha desarrollado muy bien en Latinoamérica, porque es un espacio donde tú puedes disfrutar de todos los beneficios de una oficina, pero en un ambiente propicio para hacer networking con otras personas”, comenta María Eugenia Acevedo, gerente de ciudad de Workings, empresa dedicada a este servicio en Panamá.

Acevedo esclarece que el concepto es una evolución de los denominados ‘bussiness center’, “que eran algo muy rígido y formal, donde cada persona estaba en su espacio y ninguna tenía algún tipo de relación con la otra”.

Los espacios de trabajo compartido se han convertido en una alternativa atractiva, especialmente para los que trabajan de forma independiente. El ahorro de costos, la comodidad y la sinergia del contacto con otros profesionales son algunos de los beneficios.
Open space en Coworkings.

Una oficina para todos
“El panameño necesita un espacio para trabajar y salir de la casa, pero no todos pueden pagar una oficina por los altos costos que implica, por ejemplo, tener un salón para reuniones, cable, televisión, teléfono, impresora, papelería, pagar limpieza, mantenimiento. Si a eso le sumas el alquiler fijo, va a ser algo súper costoso”, explica Acevedo.

Hace siete años, el cofundador del think tank Kernel Community y promotor de nuevos modelos de desarrollo, el colombiano Pedro Colmenares, fundó el primer espacio de coworking de Panamá en el edificio Santa Familia en el Casco Antiguo. “Era por invitación y servía como piloto para un proyecto de ecoclimatización llamado Ecoambientes”, reconoce Colmenares.

El espacio funcionó dos años y en septiembre de 2013 se reabrió con el nombre de Coworking PTY. Hoy se encuentra dentro de la Alianza Francesa Panameña, en alianza con esta entidad.

En Panamá, diferentes compañías ofrecen este servicio. La esencia de todas es compartir un sitio de trabajo, pero la manera en que se distribuye el espacio es distinta en cada uno.

Larish Julio
En Coworking PTY, las personas trabajan frente a frente, en un mismo escritorio, para promover la conexión.

Coworking PTY cuenta con un salón con 18 puestos de trabajo, distribuidos en tres amplias mesas. Sentarse frente a otra persona es parte del espíritu del sitio pues, según Colmenares, contrario a lo que pudiera pensarse “esto no causa ninguna interrupción, sino que conecta a la gente”.  Trabajar allí cuesta 120 dólares al mes, 80 dólares medio mes o 15 dólares diarios.

Mientras que en las tres sucursales de Workings (Punta Pacífica, Obarrio y Costa del Este), sobresalen los grandes sillones, letreros vintage con frases motivadoras, puertas de vidrio divisorias y enormes lámparas en lo que llaman el open space o espacio común.

Esta empresa nació en octubre de 2015 y planea expandirse a Colombia y Costa Rica. “La idea es que el usuario se sienta inspirado y sea productivo”, dice María Eugenia Acevedo.

En este formato, el usuario puede pagar por trabajar en el open space, u otras opciones de membresía, como las oficinas privadas o los escritorios dedicados. Estos últimos están dentro del ambiente común, pero cuentan con un escritorio con archivador destinado a un solo usuario. El precio del espacio abierto varía, comienza en 150 dólares, por ocho accesos mensuales, hasta 250 por acceso completo; y el de las oficinas inicia en mil dólares mensuales.

Dentro de Ciudad del Saber se encuentra otro espacio compartido, la Comunidad de Innovación. Esta es parte del Centro de Innovación, que surgió hace 15 años como el Acelerador de Empresas de Panamá. En esta comunidad trabajan emprendedores, empresarios y startups.

“Todos mezclan su creatividad y colaboración en espacios que van desde oficinas privadas, espacios dedicados, open coworking, salones de reuniones, cafetería y lounge”, ilustra Dayra Navarro, gerente de operaciones.
El lugar es una amplia edificación de tres niveles, donde entre otras cosas, se desarrollan plataformas educativas, se crean maquetas interactivas en tercera dimensión y se diseñan estrategias de negocios.

Jaime Lucar
Dayra Navarro, gerente de operaciones del Centro de Innovación de Ciudad del Saber.

La Comunidad de Innovación maneja dos tipos de membresía: Las oficinas, cuyo precio varía de acuerdo a las necesidades de la empresa, y el open coworking que va desde 10 dólares el día, hasta $45 la semana y $145 el mes.

“Nuestro valor agregado es El Campus de Ciudad del Saber, no solo te beneficias de lo que ofrece la comunidad de emprendedores, si no que tienes acceso a 120 Hectáreas, donde se ofrecen diversos servicios que van desde transporte interno gratuito hasta los comercios y restaurantes en la Plaza, los dormitorios, los eventos culturales, una comunidad con más de 195 organizaciones y empresas afiliadas todas en constantes colaboración rodeado de la naturaleza, sostenible y muy cerca de la ciudad”, señala Navarro.

Para ser parte de este proyecto, se debe llenar una aplicación en línea (http://coworking.ciudaddelsaber.org/) y se debe contar con emprendimientos innovadores, “es decir, aquellos cuyo producto, servicio, modelo de negocios o de organización son diferenciados y tienen el potencial de contribuir a mejorar significativamente la calidad de vida de la gente, cambiar la estructura de una industria, y/o proveer de servicios de conocimiento a empresas”, explica Navarro.

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El centro de capacitación en tecnología Pana Stem es uno de los emprendimientos que se encuentra en la Comunidad de Innovación del Centro de Innovación de Ciudad del Saber.

Más que un espacio físico
Más allá de compartir un espacio armonioso y mantener servicios comunes, estas empresas promueven el trabajo colaborativo y crean el ambiente propicio para conectar a profesionales.

Cada organización cree en el networking, pero cada una lo hace de forma distinta. Por ejemplo, en Workings se realizan dos pequeños eventos semanales en cada sucursal y uno mensual grande, donde se reúnen las tres sucursales, con boquitas y música.

“La idea es que las personas se conozcan. El hecho de que te levantes e intercambies con alguien más, mantiene a la comunidad vibrante y permite hacer networking”, destaca Acevedo.

En la Comunidad de Innovación está el Coworking 203. “Aparte de ser un espacio de trabajo colaborativo y abierto, también se convierte en un área de Expone, Conoce y Disfruta, un evento mensual donde los miembros se reúnen y allí se crea una magia, pues diferentes personas y empresas se encuentran y colaboran juntos para sacar mayor provecho de sus proyectos y negocios”, comenta Navarro.

Por su parte, en Coworking PTY, el acercamiento nace en el mismo salón y se teje una comunidad a partir de la cercanía física, por lo que tienen la oportunidad de intercambiar ideas y conectarse.

Las Mujeres lo usan más
En su mayoría, los usuarios de este tipo de espacios son emprendedores o profesionales independientes.
Pedro Colmenares expresa que por Coworking PTY han pasado desde psicólogos y expertos en logística hasta ingenieros electrónicos y community managers.

“En general, es gente que maneja su tiempo, que tiene que visitar muchos clientes, entonces, no tiene sentido tener una oficina todo el tiempo vacía”.

Destaca que la mayoría de sus clientes son mujeres “que estudian en la universidad y se atreven a emprender”.
“El perfil es para todo aquel que necesita un espacio para trabajar, que no sea una cafetería, porque no te concentras por el tema del ruido ni tu casa, simplemente porque te distraes y no estás 100% enfocado”, dice Acevedo.

Menciona que en su experiencia estos espacios son preferidos por programadores, diseñadores, abogados, personal de venta. Muchos de ellos, en vista de que están en constante movimiento dentro de la ciudad, utilizan cualquiera de las sucursales para sus reuniones.

Aunque Workings es 24 horas, Acevedo indica que han detectado que la mayoría de los usuarios ocupa el lugar de 6 a 8 horas el lugar, “porque a lo mejor vienen de ser trabajadores, se acaban de independizar y ya se han programado”.
El caso de la Comunidad de Innovación es similar en cuanto a usuarios, incluyendo arquitectos y personal de oenegés. Navarro asegura que la mayoría de los emprendedores prefiere la membresía semanal del open coworking.

Mejor que estar en casa
Si se tratara de solo ahorrar costos, tener una oficina en casa pudiera ser lo ideal, pero a la hora de intercambiar conocimientos, las oficinas comunes son grandes aliadas.

“Comienzas con una idea y entonces te vas a tu casa, te parece el costo bajito y arrancas a trabajar; pero el día que empiezas a hablar con el gato y te contesta, ese día tienes que salir de ahí”, bromea Colmenares, recalcando que en la actualidad todos los negocios vienen desde la conexión, lo cual no se logra desde casa.

“Hacemos sondeos a nuestros clientes quienes nos dicen que son mucho más productivos aquí, porque desde casa tienes muchas distracciones. Aquí el ambiente llama a trabajar, ellos se sientan tres o cuatro horas pero es totalmente a producir”, sostiene Acevedo.

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María Eugenia Acevedo, gerente de ciudad de Workings.

Un laboratorio de proyectos
Coworking PTY nació como una idea en un think tank (empresa para pensar), liderada por Colmenares. Hoy esa fábrica de ideas funciona en Coworking PTY y sirve para desarrollar más proyectos con impacto social y enfocados en cultura.

Colmenares, quien colaboró en proyectos de innovación en la ciudad de Medellín, cree profundamente que estos espacios logran convertirse en comunidades y potencian el desarrollo, tanto de sus miembros como de la sociedad.
“Nuestro trabajo siempre ha sido que la gente nos siga, poner el ejemplo. Somos un lugar donde nacen los pilotos”, afirma, aclarando que hace muchos años desarrollaron el primer mercado local, llamado Mercado Culturoso.

También tienen convenios con la Alianza Francesa y la Agencia de Cooperación Española, por lo que los miembros pueden ser parte de diversas actividades culturales. “Acabamos de firmar un convenio con la Defensoría del Pueblo y vamos a hacer un proyecto de innovación social. También estamos apoyando a la Alcaldía de Panamá para el Terraplén”.

Además, hace dos años Colmenares comenzó en el sitio un proyecto bandera junto a la fotógrafa Lyann Leguísamo. Se trata de Open Arts, una incubadora de proyectos culturales.

Larish Julio
Pedro Colmenares considera que todos los negocios vienen desde la conexión. “Uno en la casa, ¿con quién se conecta? ¡Con nadie!”.

En Coworking también se cuenta con una incubadora de empresas llamada Emprendenova. La idea, cuenta Colmenares, es conseguir bancos patrocinadores para que los emprendedores no paguen la incubación.

“Digamos que pasan cosas buenas. El eslogan que ha salido aquí con el tiempo es que ‘juntos es mejor’, y es verdad, es mucho más fácil juntos”.