El día comienza temprano en Curazao. Sobre todo para los cerca de 145,000 turistas que llegan anualmente a sus puertos desde todas partes del mundo.

Para los que incluyen la isla en su itinerario de crucero por el Caribe, la jornada empieza las 7:00, la hora fijada para el desembarco en el puerto de Willemstad en Curazao, la más grande de las Antillas holandesas, para la que el turismo representa el 70% de su economía.

Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en 1979, Curazao.

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Otrobanda fundada en 1707 es considerada como el centro cultural de Willemstad.

Ya en tierra y bajo un sol garantizado, el turista de crucero cumple agenda a pasos acelerados para cubrir en solo seis horas con todas las recomendaciones de la isla. A las tres de la tarde se abandona la isla rumbo a Bonaire, Aruba, la ruta de ocho días por las Antillas y el Caribe Sur partió de Colón en Panamá y continuó por Cartagena en Colombia.

‘BON BINI’

En Curazao se habla holandés, inglés, español y una mezca de todos que en la isla se llama ‘papiamento’, el esperanto del Caribe.

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En la academia se puede hacer snórkel, buceo y aquafari.

Al adentrare en la colorida ciudad, en seguida se identifican letreros en este lenguaje: ‘Bon bini’, por ‘bienvenidos’, ‘kofi’, por ‘café’ y ‘dushi’, por ‘cariño’… los curazaleños son muy cariñosos.

Según Lesire Livette, excepcional guía de turismo que acompaña su presentación de la isla con una completa reseña de su historia, la actividad de la ciudad gira en torno a dos áreas muy definidas: Otrabanda y Punda.

Es en Otrabanda donde está el museo antropológico ‘Kurá Hulanda’, creado en 2001 por el empresario holandés Jacob Gelt Dekker.

Este museo expone en varias salas la historia y la crudeza del tráfico de esclavos africanos que fueron llevados al isla durante la conquista europea .

Del otro lado del puente reina Juliana, el más alto del Caribe (con 56.4 metros sobre el nivel del mar), está Punda, donde se encuentran asentadas las tipiquísimas casitas de colores de arquitectura colonial, hechas de piedra caliza, arena y coral.

Yelina Pérez | Revista MIA
‘Dushi’ significa dulce, amable.

Paradores fotográficos a lo largo de todo el recorrido invitan a los turistas a ‘hacerse un ‘clic’ como recuerdo de su paso, aunque rápido, por Curazao.

En ocasiones, la mejor toma fotográfica para llevarse a casa es el mejor de los recuerdos.

A poca distancia de los paradores fotográficos está el mercado flotante de frutas y verduras que desde hace más de cien años está en manos de los venezolanos, que sin ser residentes en la isla gozan de un estatus ‘especial’ para comerciar en el área, actividad que se ha incrementado durante los años de crisis política en el vecino país (Venezuela está a 50 kilómetros de la costa de Curazao).

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Las casitas de colores de Punda.

El Palacio del Gobernador, cuenta Livette, es el principal vestigio de la época dominación holandesa. Y añade que cada cuatro años el rey de Holanda, ahora Guillermo-Alejandro y su esposa de origen argentino, la reina consorte Máxima, visitan todas las islas de las Antillas Holandesas. Se espera que en 2019 sea la próxima visita.

NADANDO CON DELFINES

Con el tiempo contado, es muy recomendable, sin embargo, visitar la Academia de Delfines de Curazao.

La invitación es para nadar con estos divertidos cetáceos.

Academia de delfines de Curazao
Con los delfines se puede nadar, jugar hasta un beso.

Antes de compartir baño, personal capacitado de la academia ofrece instrucciones precisas para no molestar a los mamíferos ni alterar su ecosistema. No se les puede tocar en la cabeza, tampoco se dejan abrazar y el contacto debe ser leve y con ‘dushi’. El centro aprovecha además para insistir sobre las terribles consecuencias de la contaminación marina y de lo importante que es cuidar el medio ambiente.

En las piscinas de agua salada con conexión al mar abierto de la Academia, de seis metros de profundidad y divididas por un rompeolas, asistidos por una entrenadora y en grupo de seis personas se puede nadar con al menos cuatro delfines, que saltan, giran y parecen reir encantados con la peculiar compañía.

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El recorrido en ferry se hace solo cuando el puente reina Emma se abre para dar paso a las embarcaciones.

Estos delfines están tan bien educados que saludan con las aletas a los recién llegados y se despiden con un beso.

Todo queda registrado por un fotógrafo en tierra, para los incrédulos que pongan en duda tan gran aventura, testimonio que, por supuesto, tiene un precio.

Con el reloj en contra, todavía queda pendiente el ‘momento relax’ en la Mambo Beach, la más famosa de la isla, por sus aguas color esmeralda, sus altas palmeras, arena blanca y estratégicas reposeras al lado de un bar para completar la más típica estampa caribeña. La ecuación perfecta para el ocio, aunque dure poco.

De vuelta en el barco, atrás se queda un pedazo del paraíso en la tierra, en el que tienen la dicha de vivir, según el último censo, 153,817 afortunados.

Yelina Pérez | Revista MIA
Periodistas de Panamá y Colombia. Detrás crucero Zenith de Pullmantur

VIAJE CORTESÍA DE PULLMANTUR

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