Cuando Iveth Del Rosario Valdés Romero va a una discoteca, la gente la mira extrañada.

—Lo mismo que usted, tomándome un trago y escuchando música, responde a los más osados que se atreven a preguntarle qué hace ella allí.

Si acaso se le ocurre ir a comprar ropa interior sexy a un almacén, vuelve la misma mirada reprobatoria.

—Si usted usa tanga y un sostén bonito ¿por qué yo no me lo puedo poner?, cuenta Valdés que le toca reclamar a la persona que la atiende.

Iveth siempre roba miradas, incluso en el supermercado, a donde la acompañé un domingo en la mañana a hacer sus compras de cada quincena.

Quizás sea por los shorts que lleva o por las minifaldas que usa para trabajar, como la que tenía puesta el día en que la conocí; o por sus altos tacones, por su cabello rubio perfectamente acomodado y su maquillaje atractivo.

O tal vez por su espalda siempre erguida y su frente en alto, o por sus bien distribuidas 170 libras a lo largo de sus 1.73 metros de estatura.

Puede ser por todo eso o por la silla de ruedas en la que se moviliza desde hace siete años, luego de que un vehículo impactara su carro por detrás y lo arrojara a un abismo en Loma Campana.

RECUPERACIÓN

Tras dos cirugías y tres meses en coma, los médicos le confirmaron a Iveth que no volvería a caminar. Fue entonces que comenzó el proceso de recuperación y aceptación, ‘que fue muy rápido’, reconoce.

Iveth decidió que seguiría siendo el soporte de su familia, como antes del accidente, y halló en el internet a su mejor aliado para aprender desde ir al baño sola hasta cocinar.

Volvía a ser una mujer independiente.

Iveth Del Rosario Valdés preparándose para el Mundial de Londres 2017.Aris Martínez
Iveth Del Rosario Valdés preparándose para el Mundial de Londres 2017.

Como atleta, en septiembre de este año representó a Panamá en los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro. Además, dirige la Oficina de Igualdad de Oportunidades y Género del Ministerio de Vivienda y Ordenamiento Territorial y es activista de los derechos de las personas con discapacidad.

VIVIR ENTRE ‘CONVENCIONALES’

En casa, Iveth y su familia se fueron adaptando a las nuevas circunstancias.

—Su madre es igual a la de sus amiguitos, solo que las demás caminan y la de ustedes rueda, les recalca con frecuencia a sus hijos.

Pero afuera, el mundo es en ocasiones hostil y no estaba preparado para recibir a una Iveth que volvía a hacer las mismas cosas que una persona ‘convencional’, pues ella estaba dispuesta a ‘vivir’ la discapacidad y no a ‘sobrevivirla’.

Al principio fue un shock ir al mall, recuerda. ‘El primer día que fui con mis hijos, la gente me veía con cara de que yo cómo hacía con esos niños’, dice.

En aquel supermercado que hice con ella comprobé que a Iveth no le cuesta ir a ningún lugar: planifica perfectamente cómo movilizarse y ser eficiente. Dirige magistralmente las compras con una lista que imprime desde el día anterior.

Mantener la coquetería tampoco es algo que el mundo espera de una persona con discapacidad.

‘La gente se ha prejuiciado con el concepto de que una persona con discapacidad debe lucir enferma; no puede hacer esto o aquello, no se pone minifaldas ni shorts , no se maquilla ni tiene novio… y se le hace extraño ver a una en la calle, riéndose tan normal, que creen que uno está haciendo una broma sentada en la silla’, cuenta.

Valdés opina que debe haber un cambio en la mentalidad de la gente, para empezar a entender que las personas con discapacidad ‘no son distintas. ‘Vivimos las mismas cosas en situaciones diferentes’, dice.

LA INCLUSIÓN TIENE DOS CARAS

La abogada cree que ‘inclusión es mucho más que hacer una rampa. Es comprender que alguien con discapacidad tiene los mismos derechos y deberes que una persona convencional, solo que se necesita adaptar las condiciones’, recalca mientras maneja magistralmente su silla de ruedas hacia un lado para acercarse al escritorio situado en su oficina.

La palabra inclusión debe ir en dos sentidos, continúa. Por un lado, las personas con discapacidad deben hacer valer sus derechos y deberes y hacer presencia socialmente. ‘Por ejemplo, muchas personas no saben que existe la Ley 34, que le brinda a las personas con discapacidad los mismos beneficios y exoneraciones que tienen los jubilados y pensionados, previa certificación de la Secretaría Nacional de Discapacidad (Senadis)’.

Por otra parte, la sociedad debe ser equitativa. ‘Adaptar las circunstancias no es un favor que nos están haciendo a las personas con discapacidad. Se trata de respeto’, indica.

Iveth reconoce que en Panamá, tanto el Estado como la empresa privada, hacen esfuerzos para incluir e integrar a las personas con discapacidad, ‘pero son actuaciones cosméticas’, como en el sistema de metrobús, que aunque tenía un buen concepto, al final no se cumplió a cabalidad.

Sobre los programas de responsabilidad social empresarial, Valdés opina que se han utilizado más como una moda. ‘En vez de ser socialmente responsables, prefiero que las empresas cumplan con la ley, que tengan el 2% de personas con discapacidad trabajando, pero ubicándolos en una posición donde puedan demostrar sus capacidades y pagándole lo que merecen’.

Si las condiciones no son óptimas y no hay inclusión, la discapacidad se convierte en un círculo vicioso, pues la difícil movilización o los altos precios que pagan las personas con discapacidad por los servicios accesibles, hace que muchos no se puedan educar y luego no se puedan mantener, opina la abogada, quien junto a un grupo de personas en silla de ruedas, hace presencia en eventos públicos para que se les tenga en cuenta.

Además, participó activamente en la reforma de la Ley 42 de 1999, la cual establece la equiparación de oportunidades para las personas con discapacidad, que hoy es la Ley 15 de 31 de mayo de 2016.

PANAMÁ, UNA CIUDAD HOSTIL

Nélida Ortiz, directora general de Senadis, explica que la ciudad de Panamá no es amigable para sus habitantes, debido a la falta de planificación urbana por muchos años.

Iveth es fanática de los tacones altos. Su silla de ruedas está diseñada para que ella use ese tipo de calzados.Jaime Lucar
Iveth es fanática de los tacones altos. Su silla de ruedas está diseñada para que ella use ese tipo de calzados.

Iveth Valdés coincide con la directora y agrega que es necesario tomar más en consideración la opinión de las personas con discapacidad para tener infraestructuras más amigables. ‘He escuchado que nosotros necesitamos tal cosa, pero si no tienen la discapacidad ¿cómo van a saberlo?’, recalca.

En el distrito de Panamá, recientemente se creó el primer Comité Técnico Asesor de Accesibilidad Universal, el cual está adscrito a la Dirección de Obras y Construcciones y de Planificación Urbana de este Municipio. ‘Es un ente consultivo y propone las modificaciones a las normativas municipales en materia de urbanismo que se consideren necesarios’, menciona Ortiz.

No obstante los logros del Senadis que menciona Ortiz, como darle más visibilidad a esta población dentro de la sociedad, así como impulsar el tema de la educación inclusiva y de inserción laboral, ella está consciente de que se debe realizar mayor inversión en los programas y proyectos dirigidos a la población con discapacidad y sus familias, ‘fundamentalmente en las áreas comarcales y los sectores rurales, donde está concentrada la mayor cantidad de personas con discapacidad y pobreza’.

‘Para mí, la clave es que las personas con discapacidad comprendan que la decisión de salir adelante es de ellas y que pueden llegar tan lejos como quieran’, dice Iveth Valdés, a quien vi por última vez en el gimnasio de Pandeportes preparándose para representar a Panamá en los Juegos para personas con discapacidad de Londres, en 2017.