Luego de dar a luz a su segunda hija, cuando tenía 37 años, María Pitty de Castillo fue diagnosticada con una cardiopatía grado cuatro. A partir del diagnóstico, su vida transcurrió entre  especialistas, tratamientos, dispositivos y medicamentos. “Lo más difícil fue ver a mis hijos pequeños cuando se me detectó este problema. Pensé no ver crecer a mi hija de 22 días de nacida y a mi hijo mayor, que en ese momento tenía cuatro años”, dice, recalcando que  su motivación era su familia.
“Hacer mi vida como cualquier panameño era imposible. Me limitaba mucho en actividades, en mi alimentación“, cuenta la chiricana de 54 años.
Describe su corazón como “agotado y deteriorado”, pero cuando nos contó su historia,  ya no tenía ese corazón.
María Pitty de Castillo es la primera persona en recibir un transplante de corazón en Panamá. La cirugía se dio el 11 de marzo de este año, 17 años después de su diagnóstico cardíaco.
Esta cirugía, histórica para la medicina panameña, es producto de una alianza entre diferentes equipos de salud del sector público y privado, liderada por el Programa de Trasplante Cardíaco de la Caja de Seguro Social (CSS), en cooperación con el Hospital Punta Pacífica y tres centros en Estados Unidos.
El que este tipo de cirugía pueda hacerse en Panamá es esperanzador para los nacionales que requieren un trasplante de este órgano, en especial aquellos que no pueden viajar al extranjero para ser intervenidos a un costo de más de un millón de dólares.
Sin embargo, lo que significa un gran avance puede verse empañado por limitantes en la donación de órganos, como la baja cultura de donación y detalles en la legislación.

Un corazón cansado, pero valiente

María Pitty de Castillo asegura que volvió a nacer hace nueve meses. Debido a su enfermedad, un año después del diagnóstico se tuvo que retirar de la vida laboral cuando era directora provincial del Ministerio de Salud en Chiriquí.
Al quinto año de su padecimiento, su condición de salud se deterioró a tal punto que su cardiólogo en Chiriquí (donde reside) la “desahució”, cuenta. Fue entonces cuando apareció otro destino en su camino.
“Me trasladaron a la capital (Panamá), a la consulta con el doctor Temístocles Díaz y él le da un vuelco total a mi vida a través de los medicamentos”.
Díaz le colocó un desincronizador cardíaco por 7 años. “Tuve un accidente de tránsito y se me desprendieron dos de los cables. Él me dijo que para intentar nuevamente con medicamentos, pero ¡qué va!”, recuerda.
Para 2014, a Pitty le colocan un desfibrilador cardíaco que se activa cuando el corazón baja su frecuencia. “Me ayudó mucho, pero la alegría fue poca. El corazón estaba muy deteriorado y nada más me demoró seis meses“.
En ese momento, un trasplante de corazón era su única esperanza. En Panamá aún no se realizaba la cirugía, pero había algo de esperanza. “El personal de cardiología y cardiovascular, que ahora forman parte del Comité de Trasplante Cardíaco de Panamá, estaba en preparación, avanzando en la especialidad del transplante de corazón. Ellos sintieron la necesidad de hacerlo en el país”.
Le propusieron entrar al programa de trasplante. “Sin pensarlo dos veces dije que sí, puesto que no había marcha atrás. Siempre confié en los médicos panameños, en su capacidad de poder hacerlo“.

OPORTUNIDAD
Estoy eternamente agradecida por esa oportunidad de vida que me dieron los familiares del joven donante, que para mí es un héroe. Ese gesto benefició a seis familias que recibimos sus riñones, sus  córneas, su hígado y su corazón”, María Pitty.

Correr otra vez

Hoy Pitty reconoce que su vida ha dado un cambio totalmente positivo, pues ya puede incorporarse a la vida cotidiana “como cualquier otra persona”. Correr, caminar, trotar, saltar y comer alimentos variados, son algunas de las actividades que volvió a incluir en su lista de permitidos.
El doctor Temístocles Díaz, quien es cardiólogo intervencionista del hospital Punta Pacífica y estuvo involucrado “en la preparación de la paciente, el acto trasoperatorio, el cuidado inmediato postoperatorio y el seguimiento durante estos meses”, opina que la evolución de Pitty es tan favorable que incluso ya puede llevar una vida normal y regresar a sus labores.
“Ella no podía caminar si quiera 10 metros sin tener fatiga y se le dificultaba respirar. Luego del trasplante, ella puede caminar dos horas al día, actividad que realmente no hacía los últimos 12 años de su vida”, dice el médico.

Larish Julio
El equipo multidisciplinario de especialistas de la CSS y el hospital punta Pacífica realizó de manera gratuita el primer trasplante de corazón. Aparecen de izquierda a derecha: Dr. Manuel Ochoa, Dr. Miguel Guerra, la paciente María Pitty, Dr. Temístocles Díaz y Dr. Omar Weber.

Pitty asevera que incluso desea renunciar a su pensión vitalicia. ”Quiero ser útil, aportar más a mi país, volverme a incorporar a la vida laboral porque aún no tengo edad de jubilación”. Pero ya no volvería a trabajar como administradora pública, sino que le gustaría dedicarse a la psicología, carrera que estudió después de dejar de trabajar.

Pitty se encuentra en una etapa de seguimiento. “El periodo de vida de un trasplantado cardíaco está por el orden de 15 a 20 años, tengo que seguir unos controles hasta que ellos (los doctores) descarten la posibilidad de que haya un rechazo”, lo que hasta ahora no ha ocurrido, “porque hemos estado muy pendientes de los controles y  todo lo que procede”. Recalca que hoy solo toma 10 medicamentos, cuando antes del trasplante tomaba 28.
Comenta, además, que desea inspirar a personas con enfermedades crónicas. “Quiero ayudar a mi prójimo, a quien padezca una enfermedad de fase terminal y darle una motivación, esperanza y deseo de luchar, que es lo más importante”.

Logro en equipo

“Nosotros somos un equipo, esto es un proyecto que venimos programando y preparando hace más de dos años con múltiples reuniones”, asegura el doctor Miguel Guerra, cirujano cardiovascular y torácico del Hospital Punta Pacífica y director médico del Complejo Hospitalario Metropolitano. Él estuvo involucrado desde la planificación hasta la ejecución, en el proceso de extracción de órganos y del implante.
La formación de los especialistas en el tema de trasplante de corazón fue una piedra angular en el proceso. El cardiólogo, certificado en trasplante cardíaco en Panamá, Temístocles Díaz, indica que “fue una preparación de un equipo de alrededor de 80 personas con el apoyo de tres centros en Estados Unidos (la Universidad de Utah, el hospital de Seattle, en Los Ángeles, y el hospital de John Hopkins, en Baltimore)”.
El cardiólogo de trasplante y profesor de la universidad de Utah, el doctor panameño Omar Weber, señala que “la manera como contribuimos fue dar el apoyo al doctor Díaz respecto a sugerencias en manejo de supresión, soporte para hacer biopsias cardíacas y, principalmente, apoyo con el análisis de la patología de esas biopsias cardíacas que se hacen en la universidad”.
Weber manifiesta que el trasplante realizado a María Pitty pone la salud panameña a un nivel superior. “Éste es  el segundo programa de Centroamérica que ha llevado a cabo un trasplante cardíaco. Los resultados que se han obtenido con el caso de María son de un centro de primer nivel, excelente. Los panameños lo merecen”.
En Panamá, el programa se hizo realidad gracias al apoyo de dos instituciones. “Inició en la Caja de Seguro Social y se apoyó  en el Hospital Punta Pacífica (donde se realizó la implantación a María Pitty). Ambos hospitales trabajaron hombro a hombro para ofrecer esta terapia que tanto anhelo y necesidad requiere el país, con el fin de buscar solución a estos pacientes”, recalca el doctor Manuel Ochoa, cirujano cardiovascular y torácico en ambos hospitales, quien es Coordinador del Programa de Trasplante Cardíaco y fue uno de los cirujanos implantadores de Pitty.
El doctor Miguel Guerra destaca que aunque sea un programa de la CSS, por circunstancias que atraviesa la entidad, como la saturación de los hospitales, se debió buscar apoyo en el hospital privado.
“Además, como tenemos una cantidad de especialistas en el complejo y otro en la clínica privada, ninguno por su cuenta lo hubiese podido hacer, así que lo que hicimos fue unir ambos recursos y llevar a cabo este proyecto, comandado por la seguridad pública”.
Según el especialista Guerra, en adelante las expectativas son muy buenas para Panamá. “Nos dicen que debemos evitar muertes de panameños, de 10 a 12 por año, y darles calidad de vida muy buena y casi normal, como la tiene María”, subraya.

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Cortapisa para las donaciones de órganos

En Panamá, una persona se puede convertir en donante de órganos de varias maneras. El doctor Manuel Ochoa explica que se puede hacer en el Tribunal Electoral, cuando se va a sacar la cédula, o a través de la Organización Panameña de Transplante -OPT- (creada a través de la Ley 3 del 8 de febrero de 2010, la cual es la responsable de llevar el Registro Nacional de Donantes, un listado único por cada tipo de trasplante).
“También está la parte legal, por medio de un notario, pero es más complejo. Una no excluye a la otra, puedes hacer las tres”, dice Ochoa.
A pesar de que convertirse en donante es sencillo y del avance que supone la realización del primer trasplante de corazón, en Panamá aún falta camino por recorrer, pues existen varios inconvenientes.
Uno de ellos, según la abogada y enfermera Dalys Marilyn Rodríguez, secretaria de la fundación Nuevo Corazón, es el artículo 19 de la Ley 3 del 8 de febrero de 2010 de Trasplante. “La ley es completa y buena, pero ese artículo le hace daño, porque dice que para que pueda darse o pueda hacerse efectiva esa donación, debe haber el previo consentimiento de la madre, el padre o la esposa, aunque el donante dijera en vida que sí estaba de acuerdo”, expresa, explicando que en la práctica esto hace que de nada sirva la voluntad del donante, pues si los familiares se niegan, se pierde la donación.
Además, explica que la espera por una respuesta también afecta, pues la extracción debe hacerse cuando el donante aún esté conectado a una máquina.
Ante esta “falla”, la abogada Rodríguez explica que la fundación, que es la primera en Panamá que apoya económicamente a pacientes que necesitan ser trasplantados de corazón, busca cambiar el panorama.
Cuenta que le han entregado al diputado Crispiano Adames un material y han involucrado a la diputada Zulay Rodríguez. “Ella está interesada en que esto pueda cambiarse y hacer una derogación a ese artículo para que se pueda modificar. Que la persona diga que quiere ser donante de órganos y que se respete su absoluta, estricta y única voluntad, sin tener que pedir permiso a otros familiares, porque esto nos retrasa”, insiste la abogada.

Larish Julio
Antes de hacer el trasplante se le hace una serie de estudios estrictos al paciente.

El tema de la cultura de donación es otro punto a mejorar. “No podemos quedarnos de brazos cruzados. La donación de órganos sí ha mejorado y ahora, por lo menos, la gente tiene en la cabeza que sí quiere donar. Sin embargo, todavía falta mucho que recorrer y aquí es donde los medios de comunicación y la Organización Panameña de Trasplante debe ayudar en promover la cultura de donación”, apunta el cardiólogo Ochoa.
Dalys Rodríguez concuerda con el médico y cree que se debe hacer una campaña sobre el tema. “Haremos campañas masivas para información de la comunidad, para decirle a las personas que puede ser cualquier ser querido el que lo necesite. Queremos que el mensaje se divulgue y que los jóvenes que van a sacar la cédula quieran ser donantes”, dice sobre los planes de la fundación.
No obstante, para ella el problema de la falta de cultura radica en los tabús. “El temor de la persona es que si soy un donante, me voy a morir. El de los padres, que quieren que el hijo se vaya completito. Otra cosa es que no hay empatía con el dolor de la otra persona, si ya no puedes hacer nada por esa persona, ¿por qué no darle la oportunidad a otra?”.
La abogada indica que es vital crear conciencia de que se puede dar vida a otra persona a través de la donación de órganos.
María Pitty de Castillo coincide con Rodríguez. “Es un gesto de amor, de generosidad, de compasión hacia tu prójimo, donde tú vas a prolongar tu vida a pesar de la muerte. Es mantener viva la esperanza, la luz y la alegría en una persona que está en una fase terminal, tal como me pasó a mí”.

“El trasplante se hace con un protocolo estricto. Al paciente hay que hacerle varios estudios y evaluaciones previas. Si éste ingresa a la lista de transplante cardíaco, se pone en lista de espera, que no funciona por orden de llegada sino por compatibilidad. Después se hacen las cirugías de explante, en el donador, y de implante, en el paciente, doctor Manuel Ochoa.

 

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