Muy animada y con evidentes ganas de que los panameños afrodescendientes conozcan el origen de su cultura africana, la antropóloga estadounidense Sheila Walker exponía el tema de los congos en Panamá y en las Américas a un grupo de estudiantes, académicos y público en general en el salón de profesores de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá. Su charla era parte del primer foro Negritud Panameña: Resistencia, resiliencia y reconocimiento, que celebró el mes de la etnia negra en Panamá este año.

Mientras algunos de los presentes escuchaban atentamente lo que decía Walker otros recogían apuntes. Muchos se sorprendieron cuando dijo que en África no hay reinas ni rey congo, pero en Panamá sí y eso se desconoce en el continente africano.

Walker ha viajado por casi todo el mundo investigando y documentando información sobre la diáspora africana, es decir, la dispersión de los grupos étnicos de África por el mundo.

Cortesía / Alcaldía de Panamá
De Izq, a Der.: Sheila Walker, Marcia Rodríguez, Plashka Meade y Toshi Sakai, creador del documental ‘Cimarronaje en Panamá’.

Con todos los datos investigados, creó, en 2007, Afro-Diáspora, una organización sin fines de lucro, en Estados Unidos, desde donde educa a las personas, principalmente afrodescendientes, sobre la diáspora con documentales y materiales etnoeducativos.

El cordón entre África y América

Al terminar la ponencia, se sentó en una de las sillas del salón para contar como su interés por la diáspora africana comenzó a los 19 años mientras estudiaba antropología en la universidad y se dio cuenta que aquella diáspora era ignorada en su país.

“Los profesores intentaron enseñarme que nosotros, africanos americanos, éramos el único grupo étnico en Estados Unidos que no tenía cultura. Por supuesto, esa afirmación no era cierta, así que empecé a estudiar mi cultura y mis orígenes. Pero, ¿qué pasó después? Descubrí que soy parte de algo más grande que cruza las fronteras de Estados Unidos, pasa por las Américas y llega a África”, afirma Walker pasando su mano derecha sobre su corta cabellera gris.

Cortesía / Alcaldía de Panamá
La antropóloga estadounidense Sheila Walker asegura que en Panamá y Brasil aún existe una continuidad de la corona del Reino del Congo de África Central. Ella recorre el mundo estudiando y educando sobre la dispersión de los pueblos africanos por el mundo.

Según Walker, tanto en África como en América, no hay interés en que la tradición afrodescendiente se mantenga. “Actualmente, son pocos los africanos que han estudiado e investigado sobre su cultura en las Américas. Tristemente, los africanos desconocen totalmente que hay presencia africana en América, quizás sepan que hay afroestadounidenses, pero de manera muy superficial. Es más, hasta se sorprenden cuando les hablo de que en Panamá y Brasil hay reinas y rey congo”.

Su curiosidad la ha llevado a buscar herencia africana por todo el mundo. “Si me dicen que en India hay un afroindiano, allá voy a investigar. Al llegar converso con ellos sobre su cultura y me sorprenden sus respuestas porque te das cuenta que sí hay similitudes, luego los filmo para los documentales. Lo que más me satisface es cuando una persona en Guinea, África Occidental, ve el documental y dice: ‘Esa afroindiana se parece a mi mamá’ o se pregunta ‘¿Hay negros en India? y tú te sonríes y le contestas ‘Sí, tu mamá”, cuenta muy sonriente la antropóloga.

La realeza Congo en Panamá

“El Reino del Congo, en África Central, fue muy importante y respetado durante el siglo XIV hasta XIX, antes de la llegada de los europeos, que cambió la imagen de África en el mundo. De estas tierras salieron a la fuerza millones de seres humanos para ser esclavizados en Europa y, luego, en América. En esa época, toda tradición africana era mal vista en Europa; los africanos tenían que adaptarse a las tradiciones de los reinos europeos y olvidar de dónde venían. Sin embargo, a pesar de esa presión los esclavos negros mantuvieron los bailes y rituales del Reino del Congo de África —que fue de dónde vinieron la mayoría de los negros—, un reino del que tenían referencia, y no de una monarquía europea que desconocían”, sostiene la investigadora.

En sus investigaciones, Walker ha encontrado población y reino congo en Brasil, especialmente en los estados de Minas Gerais, São Paulo y Río Grande do Sul.
En Panamá, también hay reinas congo y la cultura está fuertemente arraigada en las costas de Colón, ya que, explica la educadora, Portobelo fue una de las primeras regiones del norte atlántico que funcionó como ‘mercado negrero’.

El baile congo es parte de la cultura africana en Panamá.

“Hasta donde he investigado, Panamá y Brasil son los únicos países que tienen continuidad de la realeza congo, pero cultura de origen africano hay en muchos países de América y, cada país tiene, por lo menos, un grupo organizado de afrodescendientes y algunos fenómenos culturales que los identifican”, afirma.
Por ejemplo, en Panamá tanto los rituales congos de la Costa Abajo como los de la Costa Arriba de Colón son diferentes, detalla.

“En Miguel de la Borda, en Costa Abajo, percibí que los congos no tienen apariencia de africanos, sin embargo, conversando con ellos, alegan que su descendencia proviene de Guinea, África Occidental. Ahora, no sé si ellos saben dónde queda Guinea, pero si lo dicen es porque provienen de algún lugar”.
En cambio, en Costa Arriba, no tienen esa idea flagrante de continuación con África, admite Walker. Sin embargo, encontró que, en Nombre de Dios, hay rituales únicos como ‘la bajada de Cerro Brujo’ y, en Portobelo, los diablos.

“Me llamó la atención que en Costa Abajo tienen el ritual ‘La quema de Pacora’, que también lo hacen en Curundú, de donde es la reina congo Marcia Rodríguez. ¿Qué fue la quema de Pacora? Fue una lucha que pasó en el siglo XVII entre españoles y palenqueros, quienes defendiendo su libertad quemaron sus aldeas para que los españoles no pudieran invadirlos”, plantea la documentalista.

Para Walker, Panamá es importante porque durante ese siglo tuvo cinco líderes cimarrones (esclavos rebeldes): Antón Mandinga, Bayano, Felipillo, Luis Mozambique y Diego Congo, de los cuales tres tenían nombres que identificaban el lugar de su salida de África.

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América es africana

La realizadora de documentales como: La Ruta del Esclavo: Una Visión Mundial y África Esparcida: Caras y Voces de la Diáspora Africana, insiste en que los afrodescendientes para poder empoderarse de su cultura tienen que saber que ellos contribuyeron en la creación de las culturas en las Américas.

“Estamos pidiendo que nos expliquen ese origen africano que hasta ahora desconocemos. Tenemos comportamientos fruto de las raíces africanas, desde lenguas, comidas, bailes, estética, vestidos hasta expresiones como: ‘estoy acongojado’, ‘no seas congo’, ‘no te dejes conguear’ ¿de dónde surgen estas expresiones? De El Congo, pero como no sabemos el origen, entonces, nos brindan explicaciones estúpidas como que el ritual congo es una burla de la corona española. ¿Cuándo los africanos, que fueron traídos como esclavos a América tuvieron la posibilidad de ver la corona española? ¿La corona española baila con tambores? Nunca. Entonces, si no conocemos el origen de nuestra cultura, siempre vamos a tener esas explicaciones absurdas sobre nuestro comportamiento”, recalca Walker.

Concluye diciendo que África marcó, con su presencia mayoritaria, el futuro de las Américas, ya que, de seis millones 500 mil personas que llegaron a América entre los años 1500 a 1800, solo un millón 500 mil provenía de Europa y el resto llegó de África durante la colonización española. “Entonces, ¿quién construyó las Américas? Si uno no conoce la historia de África en las Américas, sencillamente no conoce las Américas”, dice.

ARIS MARTÍNEZ / GESE
La gastronomía panameña lleva sabores provenientes de África.

La docente afroestadounidense insta a las personas a que vean el documental ‘El Cimarronaje en Panamá del japonés Toshi Sakai —quien vivió casi 40 años en Portobelo— y recomienda hacer en Panamá una investigación profunda del ¿por qué varían los ritos congos de un lugar a otro? ¿qué acontecimiento histórico determina el hecho de que exista ‘la bajada de Cerro Brujo’ en Nombre de Dios, y no en Portobelo o en Viento Frío? Según Walker, sería un proyecto fascinante para un grupo de estudiantes de la Universidad de Panamá, acompañados de la mano de un profesor que conozca el verdadero origen de la cultura afrodescendiente que hoy está dispersa por el mundo.

Conociendo a  Sheila Walker

Actualmente reside en Washington DC, Estados Unidos. Es doctora en antropología, directora del Centro de Estudios Africanos y Afroamericanos en la Universidad de Texas y profesora de antropología en Spelman College (Atlanta, Georgia). Fue miembro del Comité Científico y Técnico Internacional del Proyecto La Ruta del Esclavo de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Como investigadora social y afroestadounidense dedicó su carrera a trabajar junto a comunidades en gran parte de África y en América para que sean los propios protagonistas quienes den a conocer sus historias y tradiciones. La doctora en antropología también ha publicado varias compilaciones sobre la historia afroamericana y la ruta de los esclavos.

En su libro Conocimiento desde Adentro: los Afrosudamericanos hablan de sus Pueblos y sus Historias refleja el mancomunado trabajo que ha realizado junto con los afrodescendientes de todos los países hispano hablantes de América del Sur con el fin de que ellos mismos construyeran su historia, desde su propia voz. Con una metodología de trabajo innovadora, y desafiante a la vez, este libro ha dejado los frutos de un reconocimiento del África en el mundo desde la visión de sus protagonistas y no desde académicos occidentales.

Entre sus publicaciones se encuentran: Raíces Africanas-Culturas Americanas: Africa en la Creación de las Américas (2001); La Revolución Religiosa en Costa Marfil: El Profeta Harris y la Iglesia Harrista (1983); y Cristianismo Africano: Patrones de Continuidad Religiosa (1979) entre otros artículos relacionados con la afrodescendencia.

Walker quien habla cuatro idiomas (Inglés, Francés, Portugués, Español) afirma que éstos son importantes para poder escuchar y comunicarse con las personas del resto del mundo. “No es lo mismo trabajar con un traductor que comunicarse directamente con la persona”, dice.

Detalla que cuando los africanos llegaron a América no todos hablaban el mismo idioma, así que tuvieron que crear nuevas maneras lingüísticas de comunicarse. “Tuvieron que aprender el idioma del colonizador (francés, español, inglés y portugués) y crearon nuevos idiomas como el crio-inglés que se habla en las islas inglesas del caribe y en Estados Unidos ‘tenemos un inglés bien africano’. Igualmente crearon el crio-francés que se habla en Haití, Martinica, Guadalupe y en Panamá cuando llegaron los afroantillanos para la construcción del Canal Francés, así también los africanos dejaron el idioma palenquero que se habla en Palenque de San Basilio en Colombia, una comunidad de cimarrones”, explica Walker.

La antropóloga resalta que “hemos aprendido que hay que quitarnos lo africano que llevamos dentro porque es salvaje y asimilarnos por lo europeo, pero por qué acoger lo que es una mentira en vez de irnos por una verdad que te empodera como lo es conocer tu propia cultura, tu propio origen. Intentar copiar al otro es como si él fuera superior, ahora yo soy mi propio modelo y si ellos quieren copiarme que lo hagan porque yo no haría lo contrario”, afirmó firmemente la antropóloga quien dice ser de la diáspora africana pero con pasaporte de Estados Unidos.

El documental Cimarronaje en Panamá, está dedicado al pueblo de Portobelo y los Congos a lo largo del istmo. La importancia de su historia y cultura es mucho más profunda de lo que hemos imaginado”. TOSHI SAKAI

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