El 3 de marzo, con mochila pero sin papás, regresé a India desde Bali. Estaba mucho más caliente de lo que recordaba de mi viaje en enero. Aquel calor era el presagio de la pronta llegada del famoso ‘Indian summer’ y de que esta segunda visita a India sería completamente diferente a la anterior.

Esta vez había llegado al sur del país. Mi destino era la ciudad de Mysore, en el estado de Karnataka, una ciudad reconocida por su icónico palacio en el mero centro de la ciudad y el mercado centenario de Devaraja, con su abundancia de productos agrícolas, especias, sedas y artesanías locales.

Aurora Brenes Eleta

Mysore también es la cuna del Ashtanga yoga y el propósito de mi regreso era practicar y estudiar este sistema en el Krishna Pattabhi Jois Ashtanga Yoga Institute (KPJAYI). Este yoga shala (lugar de yoga) fue fundada por el difunto gurú Pattabhi Jois, conocido por los ashtanguis como Guruji, hace más de 50 años. Es considerada ‘la meca’ del Ashtanga, por lo que atrae a miles de practicantes de todos lados del mundo.

Aurora Brenes Eleta
Cubierta de hombros a tobillos en mis caminatas por Mysore.

Yo llevaba dos años de estar soñando con este viaje y siguiendo un tedioso proceso de aplicación para entrar al instituto, y finalmente, estaba allí, pero la ilusión rápidamente pasó a ser desilusión. Luego de un mes en la idílica, tranquila y segura isla de Bali, donde ya me sentía en casa con amigos y profesores, el cambio fue brusco. Entré en un sofocoso conflicto interno. Me sentía muy incómoda con la práctica. Éramos demasiados practicando a la vez y la atención de la profesora era muy limitada. El cambio del húmedo Bali al calor seco y arenoso de India era asfixiante, y percibí por primera vez lo inseguro que puede ser para una mujer viajar sola en India.

Cabanga por el verdor de Bali

Después de mi primera visita a India viajé a Bali, Indonesia, que fue el inicio real de mi aventura sola. La hermosa isla se convirtió en mi segundo hogar. Vivir en ese paraíso tropical se me hacía muy fácil. Ubud, el pueblo donde estaba, atrae a muchos apasionados por el yoga y la cocina saludable. Era mi edén.
Estuve todo el mes alojándome en una casita de bambú, compartiendo espacio con otros turistas y locales. Todos los días despertaba con la luz del sol y la sinfonía de la naturaleza. Practicaba yoga en las mañanas y, en la tardes, me aventuraba en mi motito a playas y cascadas.

Aurora Brenes Eleta
Junto a guirnaldas de ofrendas.

A diferencia de otros lugares, en Bali me sentía segura y cómoda. Tenía una buena práctica, un grupo de amigos que se fueron convirtiendo en familia rápidamente, y un estilo de vida completamente libre de preocupaciones. Fue el lugar perfecto para pasar un mes entre mis dos viajes a la India.

Gotas de sudor sobre el mat

Lo que sentía en Mysore no era un sutil rechazo al cambio, sino una fuerte negación a salir de mi zona de confort y acoplarme a mi nuevo entorno. El tortuoso proceso de pasar del rechazo a la reconciliación fue la mejor ganancia personal y espiritual de mi regreso a India.
Mi nueva profesora era Saraswati Jois, la hija de Guruji. Su presencia es muy maternal y muy militar a la vez.

Saraswati fue la primera mujer en ser aceptada en la escuela de sánscrito de la Universidad de Mysore y, en 1975, fue la primera mujer en dar clases de yoga a hombres y mujeres en el mismo salón. Ambos acontecimientos pueden ser considerados revolucionarios para una mujer en India, especialmente en aquellos tiempos. Hoy, tiene más de cuatro décadas de estar enseñando Ashtanga yoga y a los 75 años sigue siendo una mujer llena de vida, fuerza y pasión por el linaje que representa. Como nos dijo un día en conferencia: “La gente me dice que estoy vieja y debería tomar descanso. Pero yo no me siento vieja, yo soy fuerte, ¿saben? Si amo esto, ¿por qué debo retirarme?” Aunque su shala es bastante pequeño, había más de 30 personas practicando a la vez por turnos desde las 4:30 a.m. hasta alrededor de las 11 p.m., seis veces por semana. Se podrán imaginar que parecíamos sardinas en lata todas las mañanas. Los mats de cada estudiante estaban casi completamente pegados el uno al otro, no existía el espacio personal y el calor corporal era literalmente tangible.

Aurora Brenes Eleta
Recorriendo las calles de Mysore en moto.

Para mantener orden y asegurar un espacio en el shala a cada uno de los cerca de 200 estudiantes, todos entrábamos a la hora que se nos había asignado el día de registro. Mi turno era a las 8:30 a.m., el calor a esa hora ya era terrible, a lo que se añadía la cantidad de cuerpos sudorosos que habían pasado por ahí antes que yo. La atención personal era prácticamente nula y me costaba entender por qué yo había invertido dinero y tiempo para que ‘no’ me enseñaran.

Con el correr de los días, fui entendiendo que la magia de ir a practicar a Mysore no está solo en la práctica. La magia está en envolverse en las otras actividades que ofrece KPJAYI, como clases de mantras, sánscrito, y filosofía. Todas esenciales en yoga.

Aurora Brenes Eleta
El palacio de Mysore.

También se encuentra magia al relacionarse con tantas personas de todas partes del mundo apasionadas por la práctica. Algunos son estudiantes nuevos y otros ya llevan décadas viajando anualmente a Mysore, cada uno con una historia y varias lecciones por compartir.

Me sorprendió mucho ver a tantos padres de familia que fueron con sus hijos, algunos iban en pareja y otras eran madres solteras. Algunos estaban por un mes y otros, por más. Estos padres de familia se la ingeniaban para practicar, ir a clases de filosofía, a las conferencias y cuidar a sus hijos. Era muy bonito ver a los niños involucrados en este mundo a tan temprana edad y la emoción que sus padres sentían al tenerlos ahí, aunque, sin duda, era trabajo pesado.

Aurora Brenes Eleta
Mercado Devaraja, Mysore.

También conocí a muchas personas que realmente dan todo por su viaje anual a practicar allí. Personas que vienen de países en crisis o están pasando por grandes problemas personales, de una manera u otra forma consiguen los recursos o hacen el tiempo para llegar hasta allá, porque ese viaje a ver a su gurú les trae paz y un sentido de propósito.
Fueron personas realmente inspiradoras porque me demostraron que cuando uno realmente quiere algo, lo puede conseguir. No hay excusas.

Lo más importante para mí fue encontrar esa magia dentro de mí misma. Comprendí que esa “falta” de atención de los maestros, de la que me quejaba, era una señal de que la única atención que necesitaba era la mía.

Aurora Brenes Eleta
El inicio de mi rutina matutina.

Empecé por cambiar mi actitud de rechazo a este nuevo espacio. Si quería realmente aprovechar mi tiempo ahí tenía que aceptar las cosas tal y como eran y crear una experiencia valiosa. Dejé de apetecer tanta atención y comencé a conectar con mi “gurú interno”. Era el momento de sacarle el jugo a mis años de entrenamiento y aprendizaje.

También dejé de sentirme abrumada por todas las personas alrededor mío y logré ver lo hermoso que era practicar con tantas personas juntas creando una energía de comunidad.
Definitivamente que al cambiar mi perspectiva, todo alrededor mío cambió, y aquello se convirtió en una experiencia inolvidable.

Mujer sola en India

En el hinduismo el elemento femenino es altamente venerado. Se cree que Shakti –la energía divina femenina– es el poder cósmico que mueve todo en el universo, la energía responsable de toda creación y agente de todo cambio. Esta energía se encuentra personificada en los cientos de diosas que son adoradas dentro de la religión.

En teoría y teología, la representación de la mujer es adorada, pero lastimosamente la realidad es muy diferente. En India, la mujer es objeto de reverencia pero igualmente de “uso”, y se les trata como sumisas.

Aurora Brenes Eleta
Escena de un festival en Varkala.

Ya sin ‘el ala protectora’ de mis padres o de algún guía, viajar sola en India fue muy distinto. Tenía que salir tapada hasta las orejas. En enero, eso era fácil ya que hacía frío, pero en marzo era abrumador por el intolerable calor. En varias ocasiones, consideré arrancarme todos los trapos que llevaba encima e ignorar las reglas, pero este acto de rebeldía no iba a traer mayor recompensa, solo un poquito menos de
calor.

Además, el verdadero conflicto no era con el calor. Lo que realmente me afectaba era sentirme insegura, restringida y subordinada. Me tenía que cuidar de no estar sola y de tomar precauciones para no incitar la atención masculina. Siempre debía ir acompañada por amigos o caminar cerca de otro grupo y mantenerme cubierta usando faldas o pantalones largos y tapándome los hombros con un chal.
Tristemente esa es la realidad de la mujer en India. Aunque en los últimos años, las cosas han ido progresando y la situación varía dependiendo del lugar, aún se enfrentan muchos retos a diario.
El feminicidio encabeza la lista de los peores actos de violencia de género que aún se dan en India; es el asesinato de una mujer por el solo hecho de ser mujer, sea motivado por desprecio, placer o sentido de posesión.

En la sociedad India, las mujeres son consideradas una carga para las familias y muchas parejas no quieren tener niñas. En muchos casos se “deshacen” de la bebé al nacer pero si tienen los recursos, abortan a la bebé. Debido a lo común que se ha vuelto esto, es ilegal, para los médicos, revelar el sexo del bebé antes de nacer.

También se reportan millones de casos de asesinatos a mujeres por sus esposos y muchos de los casos pasan desapercibidos o nunca terminan de ser investigados. Es una realidad lamentable y difícil de digerir.

Hoy hay muchas más mujeres educadas en India, pero la presión social hacia la mujer sigue siendo muy pesada, por lo que muchas se mantienen en la casa, cuidando de su esposo e hijos. Muchas quieren ir a la universidad y ser profesionales pero sus familias y la sociedad las quieren casar desde temprano para que rápidamente creen una familia. Si se atreven a retar esta norma, muchas son aisladas de sus familiares. El empoderamiento de la mujer sigue siendo muy rechazado.

Aurora Brenes Eleta
Venta de frutas en la calle.

Claro está, que hay muchas familias con mujeres valoradas y que han logrado ser exitosas en sus carreras, pero sigue siendo un porcentaje muy bajo para la cantidad de personas que habitan el país.
Como extranjera, una recibe mucha atención, pues es casi imposible pasar desapercibida. Al principio intentaba tomar esto como un halago, pero después de un rato se vuelve agobiante. Todos quieren ‘selfies’ contigo, saber cómo te llamas, de dónde vienes y adónde vas, y el clásico “¿por qué estás sola?”, que quiere decir, ¿dónde está tu hombre?

Dejando la incomodidad a un lado, comencé a observar aquel comportamiento con ojos de interés y no de crítica. Lo que descubrí fue que debido a la gran separación que hay entre hombres y mujeres en el ámbito social, laboral y familiar, hay mucha falta de conocimiento de cómo relacionarse con el sexo opuesto.

Aurora Brenes Eleta
Un día de mercado en Mysore.

En algunos casos, hay comportamientos incómodos que son producto de una curiosidad inocente, pero en otros casos son actos intencionalmente agresivos contra la mujer. Hay veces que te miran intensamente y te abordan con innumerables preguntas. Llega a ser realmente incómodo pero no hay mala intención y, si una sigue caminando, no te molestan más. Pero varias veces hombres en motos pasaban al lado de mujeres extranjeras y las agarraban inapropiadamente. Siempre había que andar con “el ojo pelado”.

Aunque mucho de todo esto suena pesado, mi experiencia en Mysore resultó ser muy especial y, sin duda, de mucho aprendizaje. Todas las situaciones incómodas por las que pasé me hicieron más fuerte. Poco a poco, me estoy acostumbrando a aceptar cambios más rápido y con menos resistencia.

Mi segunda estadía en India realmente me hizo valorar más las libertades que el lugar del mundo donde crecí me ha brindado. Experimenté, de primera mano, la desigualdad de género que aún existe desde India hasta Panamá. Me di cuenta que este viaje que estoy haciendo puede ser considerado un acto de rebeldía y oposición a una sociedad que nos quiere convencer de que no podemos hacer las cosas solas.

Lo más importante fue que practiqué mucho estar presente y vivirlo día a día, sin comparar esta experiencia a ninguna anterior.

Próxima Entrega
Las aventuras de Aurora Brenes Eleta continuarán en la próxima edición de Mia.
La autora es instructora de yoga, health coach y chef vegana.

Guardar

Guardar