‘Somos lo que comemos’. Esta puede parecer una frase trillada, pero es una realidad, que aplica también a la piel. “Nuestra apariencia es un reflejo de lo que comemos”, dice la nutricionista Carmen Montenegro, subrayando que “una alimentación saludable y variada, junto con una hidratación adecuada, es indispensable para la buena salud en general, como también para una piel saludable y linda”.

La piel es el órgano más grande del cuerpo, llamada también el tercer riñón pues cumple una función de eliminación de toxinas, según la nutricionista Ivis Marcela Armién Medianero.

Demasiada grasa y azúcar

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Toda alimentación que beneficie la salud, con abundancia de vitaminas, minerales y baja en grasa y sodio, también nutre la piel, haciéndola lucir más hidratada, libre de manchas y con una mayor capacidad de regeneración.

Si la alimentación no es adecuada, puede haber problemas. “Cuando hay aumento de concentración de toxinas, debido a una alimentación excesiva en productos procesados como embutidos, sustancias xenobióticas, un mal funcionamiento de los procesos de eliminación vía fecal o un funcionamiento insuficiente del hígado o riñones, la piel refleja intoxicación y esto se manifiesta en forma de eccemas, erupciones y dermatosis”, agrega la especialista Armién.

Ingerir muchos dulces también tiene consecuencias negativas. “El consumo elevado y frecuente de azúcares refinados, productos procesados como dulces, refrescos, sodas y chocolates con azúcares empeora situaciones como acné, celulitis, psoriasis y piel grasosa. Estos carecen de vitaminas y su exceso tiende a depositarse como grasa corporal, promoviendo el sobrepeso y estiramiento de la piel”, explica la nutricionista.

Las frituras dañan la piel
Sobre el sobrepeso y la obesidad, Carmen Montenegro aclara que debido a los pliegues de la piel que se forman por el exceso de peso, se puede favorecer el desarrollo de hongos y otros problemas de la piel.

Armién aduce que otros enemigos de la piel son la grasa de la fritura, comida chatarras, papitas empaquetadas, embutidos, bacon, mantecas, mantequillas y la leche entera. Así como el alto consumo de sodio en productos procesados “que promueven la retención de líquidos en los tejidos”.

El exceso de bebidas alcohólicas y el pobre consumo de agua, representa otra falla, ya que “ayuda a la deshidratación y no permite el correcto proceso de eliminación de toxinas”, dice Armién.

Vitaminas para regenerarse mejor
Además, una dieta deficiente también repercute en la belleza. “El maltrato y la mala alimentación pueden ayudar en la aceleración de procesos que promueven daño y envejecimiento prematuro”, revela Ivis Armién.

Por su parte, Montenegro puntualiza que “las células de la piel requieren de energía y diferentes nutrientes que permitirán que se reproduzcan y regeneren de forma saludable. De manera, que si nuestra alimentación es deficiente en energía y diversos nutrientes (en especial las vitaminas A, complejo B, C, y diferentes minerales como el hierro, zinc, entre otros), nuestra piel lucirá pálida, áspera y seca”.

Una alimentación balanceada y saludable permite obtener sustancias indispensables para la buena apariencia de la piel.  “La renovación continua de las células demanda una ingesta constante de nutrientes como proteínas, ácidos grasos esenciales, vitaminas A y C, minerales como hierro y Zinc, para que haya producción de células nuevas”, expresa Armién.

La nutricionista Iris Espinosa explica que uno de los nutrientes esenciales es la vitamina C, la cual “tiene una acción estimulante sobre la estructura del colágeno, ya que cuando esta sustancia disminuye, la piel retiene menos agua, se hace más delgada y comienza a arrugarse”. Esta vitamina se obtiene principalmente de las frutas cítricas y de los vegetales de hoja verde.

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“La vitamina A, presente en frutas y vegetales de color amarillo oscuro, rojos y verdes, es fundamental para la regeneración de la piel y mucosas. Esta vitamina, en conjunto con el zinc, ayuda a reequilibrar la oleosidad o textura aceitosa de la piel. Su deficiencia produce piel seca y escamosa”, indica Espinosa.

Espinosa, quien es especialista en Seguridad alimentaria y nutricional, aclara que la vitamina E (que se encuentra en aceites vegetales de maíz, frutos secos, semillas, hortalizas de hojas verdes, aguacate y cereales), previene el envejecimiento celular y su deficiencia en la dieta provoca un cutis graso; mientras que la vitamina B ayuda a la suavidad y elasticidad de la piel.

“La vitamina B6 (presente en aves, pescados, vegetales con almidón, frutas y granos) regula los niveles de hormonas implicadas en el desarrollo del acné, especialmente el ocasionado por el ciclo menstrual o la menopausia. Los ácidos grasos omega 3 (que se encuentran sobre todo en los pescados azules, en las almendras y en ciertos aceites vegetales como el de oliva) son unos de los mejores antiinflamatorios de la piel, y el calcio es esencial para que la barrera epidérmica funcione correctamente”, comenta Iris Espinosa, aclarando que la deficiencia de hierro, calcio, vitaminas A y E puede causar que la piel se manche.

Una buena nutrición hidrata y nutre la piel.
Una buena nutrición, hidrata y nutre la piel.

Más frutas y de todos los colores
Montenegro concuerda con Armién aconsejando seguir “el slogan de la OMS: 5 al día”, que quiere decir que diariamente se debe consumir 3 porciones de frutas (una unidad o ½ vaso de jugo sin agregar agua) y 2 porciones de vegetales (1 taza cruda o ½ taza cocida)”.

Espinosa detalla que en la ingesta de frutas y vegetales, “se debe considerar variar los colores en una día e incluir una porción de cada color (naranja-amarillo, verde, rojo, morado y blanco)”.

Qué consumir según el tipo de piel
A parte de los cuidados generales, existen ciertas consideraciones que se pueden tomar en cuenta según las condiciones particulares de cada tipo de piel.

Montenegro enfatiza que para una piel grasosa “recomiendo evitar los alimentos grasos (frituras, carnes grasosas), los alimentos ricos en sodio (alimentos procesados), en azúcares refinados (bebidas gaseosas, jugos y bebidas procesadas y dulces en general).

En relación a la piel seca, explica que ésta requiere del consumo de alimentos que aporten ácidos grasos saludables como omega 3. “También es importante el consumo adecuado de vitaminas como la A, C, E y complejo B, además del consumo adecuado de agua (no menos de 8 vasos al día).

“Para una piel madura, es esencial el consumo de las frutas y vegetales fuentes de antioxidantes, al igual que fuentes de omega 3 (pescado de carne oscura, frutos secos, aceite de oliva), sin obviar una adecuada hidratación”, sostiene.

“Somos el reflejo de nuestra alimentación, es importante recordar invertir en la calidad de alimentos que comemos y no solo evaluar la cantidad de los mismos. El estilo de vida saludable es importante, acompañar una buena nutrición con hábitos como dormir adecuadamente, evitar la exposición prolongada al sol o protegerse con protectores solares si es necesario, hacer ejercicio físico diariamente y evitar fumar, es necesario para una piel hermosa”, advierte Iris Espinosa.